Prensa barrial, descentralización y participación

En una nota periodística de la semana, en la sección Comunidad, se destaca la existencia y vigencia de la prensa zonal o barrial, que cubre información específica de las distintas regiones en que se divide el departamento de Montevideo. Lugares todos con sus características de vida propia, con su comercio, con sus espacios de disfrute o trabajo. Lugares con una vinculación social que se mantiene más íntima, con una relación comercial que asume dimensiones más comprometidas.

Es que la vida cotidiana de esas zonas o barrios, si bien es convergente hacia el conjunto de la vida nacional, tiene sus particularidades que hacen a preocupaciones, expansiones y ritmos bien diferenciados por condicionantes y estimulantes peculiares. Por intereses locales de distinta índole –que permanecen– se desarrollan y resuelven dentro de los límites barriales o zonales. Preocupaciones y reacciones inmediatas que repercuten en una forma más moderada –como de sordina– pero más reflexiva y eficaz en la resolución de la problemática que los caracteriza. El título que encabeza la nota dice: «La prensa local resiste», y si bien el título responde al espíritu de esa nota, la realidad apunta a la resistencia de los propios habitantes del barrio; a los protagonistas de esa resistencia, pues si los pequeños medios de prensa subsisten es por la adhesión de los vecinos, que en ellos ven reflejados, con veracidad y respeto, sus inquietudes, sus caracteres y sus reacciones.

El principio descentralizador que comenzó la Intendencia Municipal de Montevideo incidió favorablemente en el interés y la vigencia de esa prensa local. Es que las 18 zonas en que la Comuna dividió Montevideo fueron un nuevo incentivo para los vecinos: es la oportunidad que tienen de participar en la gestión de su barrio, y ello les lleva a comunicarse con la mayor fluidez e inmediatez posible. Es necesario, para el desarrollo bien entendido, el intercambio de problemas y alternativas de solución. La proximidad da ventajas.

Vale, como epílogo apologético, destacar la función –más bien misión– de los editores de esta prensa: son sufridos pero ágiles y solidarios actores activos de su medio. Con «medios pobres» (tal como definiría Maritain la artesanía de un producto), nos enseñan cuánto se puede hacer cuando se tiene vocación y sentido social integrador.

Gracias por ello. *

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