Acerca de poner lo que hay que poner
Javier González Fraga fue presidente del Banco Central de Argentina y aún se ilusiona con que la privatización de la previsión social traerá beneficios en el largo plazo. Sin embargo, allá él con sus ambigüedades, el 17/6/2001 escribió un artículo para el diario «La Nación» del cual extractamos el siguiente pasaje:
«La realidad actual de la Argentina, caracterizada por la deflación, el déficit fiscal y el riesgo permanente de incumplimiento de sus obligaciones financieras, está profundamente influida por esta reforma previsional. En efecto, si calculamos las transferencias realizadas al sistema nuevo, y les sumamos los intereses pagados tomando la tasa de interés marginal con que el Estado debió financiarlas, llegamos a una cifra superior a los $ 40.000 millones, lo que representa una tercera parte de la deuda pública nacional. Y si a las transferencias anuales les sumamos los intereses de aquella deuda, podemos afirmar que la reforma previsional explica por sí sola más de $ 11.000 millones de egresos fiscales, o sea, el 120% del déficit de los últimos 12 meses, y casi el doble del déficit pretendido por el FMI.
No sería entonces exagerado afirmar que, sin esta reforma, la situación fiscal y de endeudamiento sería sumamente cómoda, y probablemente estaríamos muy cerca de ser «investment grade», el objetivo que obnubiló a muchos hombres del gobierno y analistas privados en la última década.»
En pocas palabras, decimos nosotros, si no se hubiera realizado la privatización de la seguridad la Argentina tendría un superávit fiscal de algo más que 1.800 millones de dólares.
El empeño de la sucesión de ministros de Economía no ha dado frutos y la recesión se muestra inconmovible. Así con Machinea el impuestazo y luego el blindaje, no alcanzó. A López Murphi se le ocurrió bajar el gasto público afectando principalmente partidas a la educación, cuando descendió del avión (¿o venía en un plato volador?) se enteró que su sillón era ocupado por Cavallo. Este, padre de la convertibilidad y de las privatizaciones –entre las que se encuentra la de la seguridad social– arremetió con ímpetu heterodoxo con una batería de medidas, entre las que se destaca la de que cuando el euro alcance al dólar el peso será una media de las dos monedas; y hace poco el megacanje con una mega-tasa-de-interés del 15% anual.
«Pero el mercado no me entendió», se lamenta el ministro.
El mercado sabe lo que quiere y no admite inventos heterodoxos: «señores bajen el gasto público ¡caramba!», le contesta el «mercado».
Entonces surge la solución ortodoxa: bajamos las jubilaciones y los salarios de los funcionarios públicos. ¿Serán estas las medidas en las cuales estaba pensando el Presidente de nuestro país cuando reclamó a su par de Argentina, mirando con picardía a la cámara televisiva, que tenía que poner lo que hay que poner (sic)? En tal caso esperemos que se le pase su impulso de garra charrúa y se olvide de aplicarlas acá (aunque de hecho de una manera más suave ya se está haciendo).
Levantemos un eufemismo que hemos utilizado en este artículo y designemos al mercado por quienes le imprimen el sello, los denominados agentes financieros: principalmente los bancos, los fondos de inversión y recientemente en nuestras latitudes los fondos de pensión. Es sabido que los fondos de inversión son administrados principalmente por los bancos pero ¿qué hay de los pujantes fondos de pensión? Veamos.
Según información de la Superintendencia de Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones de Argentina, al 31 de mayo los fondos acumulaban 22 mil millones de dólares, existiendo 13 administradoras de las cuales 4 administran el 73,4% del total. Esta cifra de por sí nos exime de realizar cualquier comentario acerca de la creencia de que el nuevo sistema iba a ser eficiente debido a la competencia, tanto no es así que las administradoras cobran a los trabajadores ¡el 42,5% de los aportes netos! Leyó bien, por cada $100 que administran cobran de comisión $42,5 y cobran más que eso cuando el salario es menor.
¿Y quiénes son los socios de esas 4 administradoras que dominan el 73,4% del mercado? Según información de la Federación Internacional de Administradoras de Fondos de Pensiones nos encontramos, entre otras, con las siguientes personas conocidas y repetidas en alguna AFAP de nuestro país: Banco Francés, Banco Bilbao Vizcaya, New York International Inc, HSBC Bank Argentina, Scotiabank Quilmes, Santander Investment, Yondeer Investmen, Citicorp Pensión Management, Citicard, etc. Espero que un nombre criollo como Quilmes, estimado lector, no lo lleve a engaño pues el origen del sujeto es claro.
Déficit fiscal mediante los bancos, también las administradoras de fondos de pensiones, le piden al Estado el 20% de interés anual en dólares, es natural ya que son los mismos. El ministro Cavallo se sorprendió de que estas instituciones no estén dispuestas a hacer un esfuerzo patriótico ¿de la patria de quién? El presidente del gremio de los banqueros argentinos retrucó que había que bajar el gasto público y poner en caja a los revoltosos piqueteros, haciendo valer la autoridad del Estado (sic). Finalmente el gobierno con «coraje y decisión» optó en principio por tan sabia recomendación rebajando las jubilaciones y salarios ¿también pondrá en caja a los revoltosos?
Mientras tanto el modelo que iba a poner a Argentina en el primer mundo sigue presentando sus espectaculares resultados: corrupción astronómica, desempleo exorbitante, caída de los salarios, concentración del ingreso, crecimiento de la marginalidad y la pobreza, aumento de la inseguridad pública. Los organismos internacionales que no sólo han recomendado sino que también impulsado las reformas ¿no perciben aún las consecuencias de sus acciones? ¿Los gobiernos no tienen otra opción que rendirse y comunicar al mundo que ya no existen posibilidades de actitudes independientes, como piensa De La Rúa?
¿No será que hay que poner lo que hay que poner, como quiere nuestro Presidente, pero en una dirección muy distinta? *
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