Las propuestas de la izquierda y las organizaciones sociales
Tal como se consigna en nuestra edición de ayer, se ha producido un hecho insólito, absolutamente sin precedentes en la historia del país: la central sindical y la casi totalidad de las gremiales empresariales acudieron a la convocatoria realizada por la dirigencia del Encuentro progresista-Frente Amplio para conocer el Plan de Emergencia elaborado por esta fuerza política.
Por primera vez, una fuerza política de oposición ubicada a la izquierda del centro del espectro político logra reunir a los representantes del agro, la industria y el comercio, tradicionalmente percibidos, desde la óptica de la izquierda, como el blanco de todas las críticas y los responsables de las injusticias sociales; eran los enemigos de clase. Pues bien, merced a la crisis profunda que se vive desde hace ya un tiempo (crisis producida por un modelo económico no sólo inhumano sino además inconducente), los antagonismos de clase parecen haber ido borroneándose para dar lugar al diálogo que aparentemente quedó instalado ayer.
Parece innecesario recordar que hace ya unos cuantos años –ya durante la última administración del doctor Sanguinetti– el modelo económico había dejado de ensañarse con los asalariados para empezar a castigar sin piedad también a los empresarios; implacable, el neoliberalismo iba golpeando poco a poco a toda la sociedad, a todas las ramas de actividad.
El agro estancado y sufriendo las consecuencias del atraso cambiario; la industria impotente ante la invasión de productos manufacturados provenientes de otras latitudes; el comercio sintiendo la recesión de un mercado interno disminuido y empobrecido.
Así fueron sucediéndose las manifestaciones ya no de obreros luchando por sus reivindicaciones sino de éstos sumados a las ‘fuerzas vivas’ y otras organizaciones que en cada departamento conformaron movimientos intersociales que, con el objetivo común de enfrentar la crisis, lograron acoger en su seno a los más disímiles sectores de la sociedad.
Son éstos los antecedentes del encuentro verificado el pasado 18 en el Salón Rojo del Palacio Municipal montevideano. Allí, los viejos «enemigos de clase» oyeron las propuestas de la coalición de izquierda y coincidieron casi unánimemente en el diagnóstico y, en muchos puntos, en las medidas elaboradas por los asesores del EP-FA.
Más allá de los resultados concretos, a nadie escapa la trascendencia de este comienzo de diálogo. A condición, claro está, de que todos estén dispuestos a hacer mínimas concesiones en aras de sacar al país de la crisis. *
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