Soldado que tiembla no es soldado

ARTIGAS MELGAREJO

 

De acuerdo con la nota publicada en la página 6 de la edición de LA REPUBLICA correspondiente al martes 11 de julio, el diputado Washington Abdala está alarmado. Tan alarmado está este dirigente del Foro Batllista que en una reunión con integrantes de dicho sector (entre los que estaba el doctor Julio María Sanguinetti), dijo: «… Tiemblo por mis hijos, por la estructura del país y por la credibilidad del Uruguay ante el gobierno que puede hacer el doctor Vázquez».

Pero su catarsis no terminó ahí. Según la misma crónica, el diputado Abdala dijo que «(los foristas) …. somos tan buenos que creemos que la gente al final razona, pero no es así. Tenemos que machacar con nuestras ideas para ganar más gente. Si no lo hacemos nos van a barrer y estaremos bien barridos».

La elocuencia de tales expresiones hace innecesario cualquier comentario sobre el contenido de las mismas y la singular personalidad del diputado Abdala. No obstante ello, estimo necesario hacer las siguientes puntualizaciones:

* Llama la atención la escasa importancia (por no decir desprecio) que estas declaraciones del doctor Abdala adjudican a la inteligencia de la gente. Es especialmente llamativa esta actitud en quien ocupa una banca parlamentaria en representación de la gente que lo votó (¿o acaso esa gente tampoco razona?) y además es docente de Ciencias Políticas a nivel universitario.

* Resulta preocupantemente restrictivo el temblor que aqueja al diputado Abdala. Es lógico que un padre se estremezca por sus hijos, pero es bueno que también sea sensible a los hijos de sus semejantes (más aun teniendo en cuenta la realidad social del Uruguay actual).

Es entendible que el diputado Abdala se preocupe por la estructura y credibilidad del país en caso de un gobierno progresista. Nosotros, aunque por razones diferentes a las suyas, también estamos preocupados. Pero de nada sirve preocuparse por el futuro si no se asumen las responsabilidades del pasado y del presente. Y el diputado Abdala, en tanto autoproclamado soldado de un grupo político con responsabilidades en los últimos gobiernos nacionales, alguna responsabilidad tiene que asumir, ¿o acaso cree que en su situación también es válido el criterio de la «obediencia debida»?

* También resulta sintomático el pánico del diputado Abdala ante lo que con su peculiar gracejo define como «el proyecto neopopulista del doctor Vázquez», aunque reconoce que el mismo «va derecho al precipicio, a un holocausto dramático …». De marchas al precipicio y giros de 360° para evitar la caída habló un tristemente célebre jefe de la Armada Nacional a quien Abdala pretende eclipsar en materia lingüistica hablando de «holocaustos dramáticos». Que yo sepa, no hay holocaustos alegres. Pero yo no tengo la cultura ni la capacidad oratoria del legislador forista.

* Cada uno es dueño de elegir la forma en que desea ser recordado. El diputado Abdala ha elegido una: la de hacer el ridículo.

No hay otra opción más que respetar su decisión. Pero quienes lo conocemos –y yo particularmente lo conozco desde hace más de 10 años– lamentamos el ridículo por el que ha optado Washington para no pasar desapercibido. Lo lamentamos porque nos consta que, más allá de su peculiar personalidad, de sus extravagantes declaraciones, de su singular autopercepción y de sus coyunturales temblores, no es un mal muchacho. *

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