La radioterapia nacional mal cuestionada

LUIS JOSE GALLO IMPERIALE

 

En las últimas semanas hemos citado a la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados al ministro de Salud Pública y a sus asesores, a los representantes de la Dirección Nacional de Tecnología Nuclear (Dinaten) y a la Sociedad de Radioterapeutas del Uruguay, a los efectos de recibir información referida a la Resolución 16 2001 de la propia Dinaten, clausurando 4 Equipos de Radioterapia y suspendiendo preventivamente a otros. También hemos escuchado y leído conceptos de legisladores del Foro Batllista, relativos a esta Resolución, poco menos que demonizando la Radioterapia nacional, denotando una desinformación supina, pero más que nada una intención política en el análisis de este asunto.

La génesis de tal resolución, equivocadamente tomada según nuestro criterio, fue un informe fechado el 17/1/2000 (17 meses antes) firmado por los integrantes de la Comisión Interinstitucional de Calidad Radiológica, en su calidad de asesora del ministro de Salud Pública, en la cual se ponía en conocimiento de éste que después de haber hecho un relevamiento de los 17 Equipos de Radioterapia que existían en nuestro país, once en Montevideo y 6 en el interior, se los clasificaba en 2 categorías: A y B. Para ello se tomaban en cuenta los recursos materiales y humanos de cada servicio, los Categoría A se diferenciaban de los Categoría B por poseer Equipos de Teleterapia de características superiores, lo que permite tratar mayor gravedad de patologías oncológicas.

La Comisión resolvió dar un plazo, no mayor de un año, para dar opción al cambio de categoría y afirmando que «el MSP facilitará la adquisición del Equipamiento mediante el apoyo a la gestión de préstamos y/o exoneraciones».

En el mismo informe se detalla que los Centros serían visitados a partir de marzo de 2000 por Técnicos argentinos, quienes vinieron, evaluaron, señalaron errores y se fueron.

Hasta que el 1º de junio 2001 se resuelven intempestivamente las clausuras y las suspensiones referidas.

¿Qué pasó durante esos 11 meses que median entre una fecha y otra?

A nivel oficial, simplemente nada. Ni el MSP ni la Dinaten realizaron comunicación oficial alguna a los servicios, ya fueran estos públicos o privados. Y el partido se jugó por entero a pura conciencia, ya que los dueños de los Equipos estaban presentes en el momento que los técnicos argentinos realizaban la inspección, lo que permitió en algunos casos que se pusieran a trabajar en las cosas que sabían que se debían corregir. De esto último, la Dinaten ni se enteró, ni se molestó en consultar y sin embargo, el viernes 1º de junio cerró varios servicios sin preaviso, sin previa comunicación de las observaciones constatadas y lo más grave, sin que se respetara el espíritu del informe de la Comisión Interinstitucional, creando además una gravísima distorsión por la discontinuidad de muchos enfermos oncológicos que debieron suspender sus tratamientos y ser trasladados para los mismos, desde muchísima distancia a los efectos de completar el mismo.

El tema es aún más grave si se tiene en cuenta en el acta de clausura, en la que se hace referencia a una inspección realizada el 10 de agosto de 2000, control que se hizo solamente en algunos lugares. Según lo expresó en la Comisión de Salud el médico radiólogo Dr. Pedro Kazdorf, en el caso de su servicio esa visita nunca ocurrió, en cambio sí se presentaron en el Consultorio de Oncología y Radioterapia e inspeccionaron el Equipo AECL El Dorado 6. En este Equipo las observaciones fueron corregidas inmediatamente, sin embargo, el 1º/6/2001 recibieron la notificación de la Dinaten de suspensión preventiva. Debió mediar una solicitud de la Clínica COR de reinspección para lograr que 7 días después se enmendara el error y la suspensión quedara sin efecto.

Otro de los puntos que no se puede obviar, el documento de enero del año pasado da las pautas de cómo pasar de Categoría B a Categoría A, pero no estampa en lugar alguno que fuera motivo de clausura.

Por último no quiero terminar este análisis de la situación citando no los dichos de algún médico o abogado o ingeniero desinformado, sino simplemente recordando las palabras que hace pocas horas me decía una paciente usuaria de estos servicios: «Yo no sé adónde va a ir a parar todo esto, pero lo cierto es que hace dos años el tumor que tengo, crecía y sólo lo paró la radioterapia, ahora espero que con estas clausuras no terminen inhabilitando el freno que me posibilita el control de mi grave enfermedad». *

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