El Uruguay hoy
RICARDO CASTROMAN
Hemos estado recorriendo algunos departamentos y distintas localidades del país, y observamos con preocupación, no exenta de dolor e impotencia, la situación de miles y miles de vecinas y vecinos en este Uruguay del siglo XXI, donde en el escenario planteado creemos observar, quizá temerariamente la incipiente fragmentación, y porqué no, la desintegración, de hecho, que se aprecia en lo que es el país como unidad, como también los integrantes de la sociedad que lo constituimos, resaltando algo que ha sido un soporte formidable del Estado, la familia. Los uruguayos hemos sabido tener orgullosamente una suerte de santo y seña que se ha hecho notar en cualquier lugar, como un patrimonio cultural y de valores, la familia como institución.
¿Qué nos está pasando? El porqué de esta afirmación, que no pretende ser categórica, pero para quienes hemos pasado los cincuenta años, hace que nos veamos obligados a reflexionar y procurar ahondar en la causa de lo que afirmamos.
Las cosas no pasan porque sí en la vida de los pueblos y de quienes los habitan, siempre está la mano y la conducta del hombre y las decisiones que toma cuando, en una sociedad con reglas preestablecidas, compartibles o no, determinan cómo va a ser la vida de la gente que, en instancias electorales, posibilitan con su voto y confianza en algún partido y sus candidatos, la orientación política en aspectos sociales y económicos que puedan implementarse para los variados sectores de la sociedad que aspiran a que se den soluciones que han sido reclamadas desde siempre.
¿Cómo es posible, entonces, establecer a la familia como soporte de un país que navega al garete, sin rumbo preciso, salvo para quienes lo timonean, pero no para el resto de la tripulación, que son miles y miles?
La brutal recesión económica a la que están sometidos los que menos tienen y dependían de su fuerza de trabajo, cuando lo hubo, pues como todos sabemos el índice de desocupación ha trepado a guarismos antes nunca vistos (16 %), y en algunos departamentos, rondando en un 25%. Pero los tecnócratas hacen bien su trabajo, frío, calculador, utilizando reglas draconianas, aplicando a diestra y siniestra impuestos en cadena; ocho en lo que va del gobierno del Dr. Batlle y compañía, recurriendo una y otra vez a los flacos bolsillos de los más, convocándolos al salvataje del sector agropecuario, comercial, industrial y otros. Una y otra vez no da pie en bola, pero, en tren de ser mal pensados podríamos concluir que no quiere darlo. Porque la emigración constante, permanente de miles de uruguayas y uruguayos es imparable, porque se acrecientan los asentamientos irregulares en el país, los índices de delincuencia, prostitución, drogadicción, alcoholismo, son moneda de uso corriente en este Uruguay de hoy que empuja a parte de la sociedad a estas situaciones que le parten el espinazo al medio a la familia. Porque el hambre y la pauperización de la sociedad han creado situaciones de singular dramatismo ante la agudización de la pobreza que día a día se acrecienta, no haciendo distingos, porque este flagelo pega duro, salvajemente a madres y jefas de hogares con niños pequeños, a los jóvenes o a personas mayores.
La situación económica de los gobiernos departamentales que reclaman desesperadamente ayuda financiera al gobierno central, haciéndose cada vez más dependientes al haber heredado en su gran mayoría deudas millonarias en dólares, por malas administraciones, por prácticas de clientelismo político, que deben desterrarse; y podríamos seguir tirando ejemplos, como es la obsesión que tienen quienes administran los recursos de los uruguayos y los que están en el gobierno, que es el desmantelamiento y la venta de las empresas públicas, como forma de obtener fondos frescos, desfondando el patrimonio del país y sus áreas estratégicas.
Un gobierno de espaldas a las grandes mayorías, jugado al capital y a la especulación financiera. Parecería que nuestros gobernantes no están viendo qué sucede a su alrededor y que la premisa es que las cuentas cierren bien a la hora de mostrar los balances a los organismos crediticios de este mundo globalizado, teniendo casi para nada en cuenta la vida de los centenares de miles de compatriotas que en esta vorágine de problemas de todo tipo y sin soluciones o medidas paliativas que alivien sus penurias, igual están sabiendo que hay hombres y mujeres comprometidos con sus problemáticas, por el compromiso histórico que nos ha sido asignado, de diálogo, de construcción de un país diferente y posible, con dignidad y esperanza para todos. *
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