Los partidos dan su respuesta al creciente malestar social

Dos de los principales partidos que actúan en la vida política del país han expresado, de diferente modo, formas de respuesta ante la crítica situación que vive la República.

Se trata de dos respuestas sustancialmente diferentes, hecho comprensible si tenemos en cuenta que el Partido Nacional forma parte de la coalición de gobierno y el Frente Amplio es el principal partido de la oposición. No obstante, las expresiones partidarias tienen en común la capacidad de las colectividades políticas de hacerse eco del malestar social, de la intranquilidad creciente que angustia a buena parte del país.

La respuesta nacionalista ha sido encabezada por las autoridades del Partido y tiene como epicentro el reclamo formulado por los intendentes al Ministerio de Economía por las deudas del gobierno central con las comunas.

Responsable de una porción significativa de los gobiernos departamentales, el Partido Nacional formuló una advertencia severa al ministro Alberto Bensión acerca de la necesidad de empezar por reconocer la existencia de las deudas y de encarar, del modo que sea, la cancelación de las mismas.

Se podrá objetar, al menos en parte, la pertinencia de algunos gastos en los municipios del Interior, los inconvenientes del crecimiento de la plantilla y demás, pero de lo que no hay dudas es de que la administración no se puede desentender cuando las comunas están al borde de la bancarrota. En ese aspecto la preocupación del nacionalismo es comprensible.

A la vez, cuando en el último Plenario Nacional del Frente Amplio se aprueba por unanimidad una moción presentada por las representaciones de base de nueve Plenarios Departamentales del Interior, encabezados por el de Rivera, nos está mostrando la respuesta de la izquierda a la angustia de amplios sectores de la población.

El documento surgido, elaborado y defendido por las representaciones de base se formula una serie de preguntas sumamente interesantes y removedoras.

Son preguntas cuyo solo enunciado habla de una fuerza política con implantación en la sociedad y, por tanto, con capacidad para registrar, examinar y responder al drama social desde los comportamientos propios de la tradición progresista.

El planteo aprobado por unanimidad empieza por plantear la necesidad de que «el Frente Amplio se recorte ante el grueso de la población como una opción alternativa al caos» que impone la política aplicada por el gobierno de coalición blanca y colorada.

La izquierda, sostiene, «debe orientar su acción política cotidiana en un sentido más claro y más contundente».

Formula más adelante una serie de preguntas de gran interés en el debate progresista acerca de sus grandes líneas de acción política: «¿Cómo vamos a cambiar al país? ¿Sólo accediendo al gobierno en 2004? ¿Llegamos a 2004 en condiciones de cambiar algo?¿Con qué fuerza? ¿Con qué organización?¿Con cuáles apoyaturas sociales?¿Con qué apoyaturas sindicales concretas?»

Profundizando en la perspectiva electoral, el Plenario Nacional del Frente Amplio se pregunta: ¿El crecimiento del FA es puramente vegetativo y será suficiente para ganar o será hora de planificar la estrategia de crecimiento y consolidación en todo el país?

En ese marco el documento aprobado señala como interrogante: «¿No deberemos trabajar ahora para consolidar al Frente Amplio como la cabeza política de un proceso de desobediencia civil que viene en rápida y espontánea gestación?».

El solo enunciado de estas reflexiones y propuestas a examinar ha hecho poner los ojos en blanco a las inquietas nodrizas que velan al «statu quo». No quieren a los partidos con implantación y sensibilidad social. Los prefieren dormidos. *

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