Flexibilización, ¡vaya novedad!
JORGE R. BRUNI
Parecería que para defender la economía del país hay que dejar a la gente sin trabajo. Así actúa el sistema capitalista y sus representantes ministeriales. Lo que no está en el mercado no existe, o es herejía pura.
Hace una semana escribíamos respecto de la situación de una ministra de asuntos sociales de un país de la región que no era convocada al gabinete cuando se adoptaban decisiones importantes para el país, y que cuando concurría tenía voz pero no voto.
Tenemos la certeza que nuestro ministro de Trabajo no estaba informado de la propuesta que Bensión anunciara días atrás delante de los dirigentes de marketing respecto de la flexibilización de horarios de trabajo, licencias, descansos semanales o intermedios, horas extras, etcétera.
Cuando nuestros gobernantes dicen que empleadores y trabajadores deberán negociar las condiciones de trabajo, ¿desconocen la realidad o hay hipocresía?
La necesidad tiene cara de hereje. ¿En las épocas que corren, no saben nuestros ecónomos que casi es milagroso que un trabajador consiga laburo? ¿Qué empleado puede negociar en igualdad de condiciones con sus empleadores, salvo cuando hay sindicato fuerte de por medio?
¿Ignoran que más del 85% de los trabajadores uruguayos carecen de convenio colectivo, y que más del 60% están tercerizados al margen de todo sindicato?
En esas condiciones no se puede hablar de relación de trabajo sino más bien de relación de poder.
¿Desconocimiento o hipocresía? Nos ponen el ejemplo europeo. ¿No saben que ahí sí negocian empleadores y sindicatos las condiciones de trabajo, incluido la flexibilidad, en condiciones más o menos iguales?
Una vez más Bensión con el sonsonete: con el pretexto de la reducción del desempleo, muy encomiable por cierto, nos propone medidas muy reprobables, diciéndonos que hay que flexibilizar la normativa laboral, para adaptarla al sistema económico neoliberal, porque según el ministro, eso es modernidad y traerá progreso social. ¡Bravo! ¡10 puntos!
¿Será por eso que el gobierno uruguayo le pagó el pasaje para que viniera a nuestro país a la neozelandesa ex ministra Ruth Richardon, y se deshizo en elogios hacia ella cuando dijo que empresarios y trabajadores tenían el mismo poder de negociación, a la vez que limitó severamente las actividades y facultades de los sindicatos en su país?
La OIT fue creada en 1919 para que la paz se basara en la justicia social, y para que el trabajo fuera realmente humano. 81 años después en nuestro país, por la vía de los hechos, que ahora se pretende legitimar, retrocedemos a la década de los 20: el trabajo es tratado como una verdadera mercancía, porque no otra cosa significa el concepto de mercado (de trabajo), lugar donde se negocian cosas, objetos al mejor postor.
Nuestros ilustradísimos contadores nos dicen que las garantías laborales se han vuelto muy rígidas. Algunos años atrás, el ex decano de la Facultad de Derecho doctor Plá Rodríguez expresaba textualmente «que hay que reconocer que cada norma laboral constituye un obstáculo, una rigidez, un impedimento para tratar el trabajo como una mercancía sujeta exclusivamente a las leyes de mercado. Querer sacar las rigideces equivale a destruir el Derecho del Trabajo. Esto es lo más grave del movimiento por la flexibilización: el principio que lo inspira, que conduce al aniquilamiento del Derecho Laboral, por lo tanto del trabajador.
El 30 de mayo del 2001 el doctor Juan Andrés Ramírez le decía al Directorio del Partido Nacional que en las discusiones político-sociales había un enfoque esencialmente economicista, y que la razón de ello es precisamente la base ética de la tesis económica predominante. Todo se ciñe, sigue diciendo Ramírez, a la cuestión de cómo lograr mayor productividad, a privilegiar los objetivos económicos por encima de los éticos, por lo cual en breve plazo, de continuarse con esta línea, los países productores de productos primarios agropecuarios deberemos pagar por producir y no sólo por consumir. No estamos solos. Salvo que la derecha considere al Dr. Ramírez como un irresponsable, resentido o radical. En cuyo caso sí estaríamos solos.
¡Ah!, no ignoramos que los empresarios también tienen dificultades. Por las dudas, en fin, no sé, como diría el maestro Peloduro. *
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