Las penúltimas "genialidades" de Batlle

MARCELO JORGE FILOMENO

 

Son, sin duda, en el plano internacional, luego de la exhortación en EEUU a efectuar «lobby» con los congresistas norteamericanos para obtener la «vía rápida» a pedir por Bush para el ALCA –dejando estupefactos a gobernantes y diplomáticos– las planteadas en la reciente cumbre del Mercosur. tiempo atrás Batlle había manifestado ya su vocación por las medidas de presión, alentando a sectores corporativos de nuestro país, afectados por el proteccionismo europeo, a manifestar en las sedes donde aquellos países toman las decisiones que afectan a todos, especialmente a los más débiles como el nuestro. De haber dicho algo parecido otro dirigente político, especialmente de izquierda, el propio Batlle lo hubiera seguramente estigmatizado. Ahora, propone por un lado a Cavallo para coordinar las políticas macroeconómicas de los países del Mercosur, propuesta efectuada sin previo conocimiento del presidente argentino, en plena lucha por recuperar algún protagonismo en su país y apabullado por la exuberancia impúdica de Cavallo. Por otro lado, la invitación al presidente ruso Putin para asistir a la próxima cumbre mercosuriana, a realizarse en el nuestro. Estas incursiones internacionales desmelenadas del Presidente tienen su correlato en el plano interno, y así nos va, más allá de condicionamientos externos y de calamidades naturales internas. Aún cuando algunos analistas y/o economistas sostengan que las «geniales» ideas de Batlle no pueden aplicarse en su totalidad por cauas ajenas a su voluntad. Lo que nos lleva a tomar distancia, cada día más, en base al sentido común, de tales opiniones, por muy respetables y académicas que fueren.

Desde Rusia con amor

El afán ecuménico protagónico del primer mandatario de este país pequeño, pero de corazón y cerebro grande, pretende, luego de las exhortaciones «urbi et orbi» dirigidas a influir al Congreso estadounidense, enlazar también en un abrazo libremercadista al premier Putin y a Rusia, para lo cual ha puesto manos a la obra –o a las valijas– designando numerosa y calificada delegación, que será portadora de la invitación para que aquel nos visite. Más que una «genialidad», la constatación de una realidad.

Rechazada hasta hace algún tiempo por nuestros gobernantes y empresarios, como mercado a incentivar, en virtud de vieja deuda arrastrada desde el desmoronamiento de la ex Unión Soviética y saldada recientemente, Rusia puede llegar a ser un socio comercial interesante para Uruguay y el Mercosur.

Esto fue planteado a niveles gubernamentales, hace 4 o 5 años –con proyectos productivos de desarrollo– por empresarios de Soriano, incluyendo la reactivación de la fábrica de Mauá, siendo considerado en aquellas esferas como un «bolazo». Prefirieron regalarle la fábrica a otro empresario, para que la desmantelara, y le sacara al «Banco País» lo que representaba –según ellos– un problema. Para Batlle no existían en aquella época los rusos, imposible hablar de este tema, según allegados.

Quienes los conocimos, más allá de las lógicas dificultades de relacionamiento, veíamos una esperanza –desde el punto de vista productivo– no sólo para Soriano, sino también para el país.

Lo que no fue

En efecto, querían crear una zona franca, con centro en el ingenio azucarero, con el objetivo de producción de azúcar refinado, a partir de crudo importado, en cantidad, calidad y precio competitivos para el acceso al mercado ruso que, para los 5 millones de toneladas anuales que precisaba, no tenía una consolidación de negocios entre importadores y suministradores del exterior –cosa siempre difícil de conseguir– en virtud de que las antiguas empresas estatales compradoras no habían sido sustituidas de hecho por las actuales privadas. La generación de energía eléctrica, en cantidad, calidad y precios competitivos, para suministrarla a UTE o a otros consumidores era el otro gran rubro ofrecido.

Supimos también que las empresas rusas necesitaban una rápida penetración en los mercados latinoamericanos, puesto que sus productos no son competitivos con los europeos, norteamericanos o japoneses. Que nuestros mercados eran los más disponibles para negociar sus máquinas fuertes, de gran duración y bajo mantenimiento, no sofisticadas como las de los países a los cuales compramos habitualmente. También supimos del interés que tenían en crear una base de operaciones para el mercado latinoamericano.

Por ello, estaba planteado también instalar en el predio de la ex Arinsa una ensambladora de autos, camiones y maquinaria agrícola, fábrica de aviones ligeros (como la que funcionará en Río Negro), de paneles caloríficos especiales, de tarjetas de plástico, de maquinaria textil, etcétera. Con una pequeña parte de lo que estaba planteado le hubiéramos llenado sus necesidades básicas a los castigados habitantes de Soriano, a la cabeza del desempleo, abriendo también una esperanza para el país. La misma que lleva en sus valijas la delegación que viaja a Rusia, enviada por Jorge Batlle.*

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