"¡Viva la unión de los orientales honestos!"

EDGAR BELLOMO

 

Son tiempos difíciles. No se consigue trabajo y el que se encuentra es mal remunerado.

No quedan casi esperanzas. Muy pocos creen lo que el gobierno dice. Se presiente que mañana será igual o peor…

El EP-FA, fuerza política que me honro en representar y que integro desde su fundación, ha propuesto y sigue proponiendo salidas a estas crisis. Medidas concretas, viables y posibles para mejorar la calidad de vida de nuestra gente.

Iniciativas que lamentablemente nunca son adoptadas, ni siquiera parcialmente, por el gobierno de coalición que forman los Partidos Colorado y Nacional.

Hasta hace pocos años, los abanderados del neoliberalismo, de la apertura indiscriminada de fronteras, aquellos que todavía sostienen y argumentan a favor de la «supervivencia del más apto» –aunque esto suponga implícitamente la no supervivencia de los menos aptos– presentaban este modelo económico como la panacea, como algo insuperable. Hoy se limitan a decir que no hay alternativa posible; que, aunque fuese deseable, no existe la posibilidad de cambiar.

Los Dres. Lacalle, Sanguinetti y Batlle, así como sus portavoces y seguidores, nos «cantaron errado» ayer y hoy. Nunca fue un buen modelo y no es imposible cambiarlo.

Cuando le hemos solicitado (y hasta clamado) al gobierno para que invirtiese en obra pública, lo que generaría empleos y reactivación económica –aunque sea parcialmente– recibimos nones. De paso, el gobierno le impedía una vez más al país contar con más y mejores carreteras, hospitales, policlínicas, escuelas, liceos, gimnasios…

Cuando proponemos que se grave con el IVA a los cigarrillos y tabacos, por ejemplo, o que se aplique el más alto arancel posible a productos de fuera de la región que compiten con los nuestros, ¿por qué no se hace? ¿Qué tiene de malo o qué consecuencias peores que las que ya estamos sufriendo nos podría acarrear?

Resulta que jamás subsidiamos, pero después el Estado sale invariablemente a hacerse cargo de los gastos originados por los negocios o emprendimientos privados que salieron mal. Siempre que hay ganancias las mismas son privatizadas, pero cuando vienen las pérdidas, ahí sí nos volvemos «socialistas». El BPS no recauda los aportes obreros y encima tiene que pagar los seguros por desempleo. Me pregunto: ¿qué mercado nuevo hemos conquistado que justifique seguir este modelo al pie de la letra?

¿Qué mejoría logró este gobierno?

Ahí no termina la cosa. Si alguna calamidad nos faltaba, no hay que olvidar que aún campean el clientelismo político y la corrupción.

Ese clientelismo que atenta contra uno de los derechos humanos como es el derecho al trabajo, puesto que otorga esa posibilidad «a dedo» y sin tener en cuenta la mayoría de las veces la idoneidad o capacidad necesarias para ocupar un cargo público, impidiendo a la vez que otros puedan acceder al mismo, opera tanto en el gobierno nacional como en algunos gobiernos departamentales.

Si este fenómeno es censurable (y lo es), la corrupción es imperdonable. Por el acto inmoral en sí mismo y además porque robarle a los pobres es sencillamente criminal, ya que lo que se le quita al Estado se le está retaceando, por ejemplo, a los comedores escolares, a las jubilaciones y pensiones o a los hospitales públicos.

Este gobierno y su estilo no van a cambiar. No podemos esperar peras del olmo, pero tampoco parece posible aguardar hasta el 2005 para mejorar.

Sin importar demasiado de dónde provenga la iniciativa ni si su enunciación debe ser «concertación» o «encuentro», habrá que ingeniarse para lograr unir a la gran mayoría de los uruguayos en pos de esas soluciones que son necesarias hoy mismo.

Soluciones que implican cambios de rumbo en materia de política económica y que requieren de una verdadera «patriada» para impulsarlas y respaldarlas. Patriada en la que caben casi todos los ciudadanos. Digo casi todos porque a pesar de que filosóficamente no soy afecto a las exclusiones, creo que ni los banqueros ni los grandes importadores nos acompañarán, en tanto ellos son los beneficiarios directos de este modelo que pretendemos cambiar. Y atención: no hay camino del medio; cambiamos o sucumbimos.

Tampoco habrá lugar para la corrupción, que se ha convertido en el peor enemigo de nuestras democracias. La corrupción hoy es sinónimo tanto de drogas cuanto de torturas, vejaciones o desapariciones forzadas. Porque no conoce lealtades y es un pésimo ejemplo. Porque es egoísta y despiadada…

A la corrupción y a las drogas hay que combatirlas a muerte; no se puede convivir con ellas.

Existen mecanismos de control que utilizaremos y si es menester, crearemos otros para alcanzar el objetivo.

La convocatoria es, entonces, amplísima y debe estar más allá o por encima de banderías, partidarismos o ideologías. La consigna supongo que podría ser la misma que se leía en la vincha que portaba aquel ciudadano que, proveniente de uno de los partidos tradicionales, se acercara al Gral. Seregni hace ya casi tres décadas, que no suponía otra exclusión que no fuera la deshonestidad y que orgullosamente lucía: «Â¡Viva la unión de los orientales honestos!»*

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