En campaña (electoral)

El viernes 18 de febrero, en las postrimerías de su mandato, el doctor Sanguinetti se desplazó hasta Pan de Azúcar para inaugurar las obras en el «hospital» de aquella localidad maldonadense. Lo hizo acompañado de numerosa comitiva, en helicóptero. Entre sus acompañantes figuraba su ministro de Salud Pública (por supuesto) pero no faltaron los legisladores del Foro Batllista del departamento y su ministro de Turismo, que –da la casualidad– es el candidato del Foro para la Intendencia Municipal de Maldonado. En un discreto segundo plano, figuró también el actual intendente departamental.

Pan de Azúcar no tiene hospital. Se trata de un Centro Auxiliar de Salud con tres salas de internación (para hombres, mujeres y niños) con seis camas cada una, más tres salas individuales para casos especiales, una de las cuales funciona como improvisada cocina. Le falta un quirófano para poder aspirar a la categoría de hospital.

En el proyecto maestro de obras figura el referido quirófano, así como nuevas salas de internación, cocina, lavadero, baños, sala de urgencias y helipuerto.

De todo ello –y merced a un convenio entre el Fortalecimiento del Area Social (FAS) y el BID, suscrito en 1996– la comitiva oficial inauguró la sala de urgencias especialmente dirigida para atender heridos en accidentes en la carretera, las duchas para los funcionarios, baños, lavadero y cocina. Del helipuerto existe solamente una huella circular de tierra, abierta con urgencia el día anterior para la visita del entonces Presidente.

Como se ve, las obras destinadas a la gente del pueblo han sido rezagadas. Pero la farándula fue completa.

Se me ocurrió visitar las obras inauguradas ocho días después. No hay nada funcionando. Se habían recibido un par de camillas, algunas sillas y un par de lavadoras familiares que no colman, ni por asomo, las necesidades y expectativas del lavadero. No me supieron decir nada respecto del mejoramiento de la dotación de personal, ni de una fecha estimada para la iniciación de las obras del proyecto, que son la mayoría.

Un día antes de lo que acabo de reseñar, el señor intendente municipal había visitado la localidad de Gregorio Aznárez, que vive una profunda necesidad de fuentes de trabajo desde que cerró definitivamente la planta de Rausa. La sede del club que lleva el nombre de la que fue la fábrica está clausurada, el cantinero dio por terminada la concesión, no hay quien quiera integrar su comisión directiva y los vecinos están organizando una fiesta que permita recaudar fondos para pagar la multa en la liga de fútbol, porque no presentaron equipo en el presente año. Las vitrinas están llenas de copas que recuerdan épocas de esplendor.

La comitiva municipal inauguró una capa de bitumen echada en los accesos y calles interiores del pueblo, una plazoleta y algunos focos de luz.

Sin embargo, mezclada entre los discursos que glorificaban las obras, corría la especie (¿mito? ¿gancho? ¿deseo?) de un presunto acuerdo a punto de culminar, entre las autoridades de la fábrica cerrada y el empresario Beto Carrero, para instalar un parque de atracciones en sus instalaciones, que generaría (así, todo en condicional) mil puestos de trabajo en la zona.

¿Tendrá la misma característica en todos lados la campaña electoral hacia el 14 de mayo?

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje