¿Barbarie social?
Un primer hecho llama la atención.
Todos recordamos la forma espectacular en que fueron anunciadas las medidas económicas del gobierno para enfrentar los daños provocados por la reaparición de los focos de aftosa. Se trataba de la primera parte del proceso legislativo que culminaría con la aprobación de las normas que se propagandeaban. Y bien, la espectacularidad terminó cuando la participación de Batlle en el asunto dejó paso a la intervención parlamentaria. Ahora, cuando el Parlamento nacional discute las propuestas de impuestos y rebajas y estímulos en los 65 artículos de la Ley, los medios le dan la espalda, el asunto pasa a un segundo o tercer lugar en la difusión informativa.
Otro aspecto preliminar: ¿qué hubiera pasado si triunfante un candidato progresista la nueva administración se hubiera descargado con la catarata de impuestos que viene impulsando Batlle?
¿Cuántas invocaciones al peso abrumador del colectivismo o de las insoportables cargas tributarias impuestas por la «bolcheviquización» del gobierno?
Seguramente las protestas serían infinitas, enfáticas y amenazadoras. Sucede que los eventuales voceros de estas protestas guardan ahora un disciplinado silencio.
Silencio ante el notorio incumplimiento de las promesas del gobierno presidido por Batlle en el sentido de considerar desde el fisco que «el país no soportaba más impuestos». Una frase latiguillo que, como tantas, ha quedado sólo en ese acopio retórico que parece ser el rasgo distintivo del actual elenco.
La discusión en el Parlamento del nuevo impuesto del 3% a los productos industrializados, la Cofis, ha dado lugar a una puesta al día, hecha por la oposición, de la escalada tributaria de estos meses de gobierno en los que se auguraba la guerra a los nuevos impuestos.
Las consideraciones realizadas en estos días por el senador socialista Manuel Núñez permiten realizar un análisis ordenado de los distintos gravámenes que la ley ha venido incorporando en forma a veces declarada y otras bastante subrepticia.
Núñez empieza por señalar que el 65% de los artículos de la promocionada ley ante la crisis de la aftosa se refieren al nuevo impuesto Cofis, Contribución al financiamiento de la Seguridad Social, 15 artículos en 23.
Recuerda el senador socialista que hace apenas 57 días se votó en el Senado la creación de un Impuesto Específico a la Salud que grava a los usuarios de los servicios de salud.
En meticulosa indagación el economista Manuel Núñez señala haber contabilizado siete nuevos impuestos desde la asunción de este gobierno, por lo cual éste podría ser considerado el rasque tributario número ocho, de un gobierno que juraba no iba a hacer esas cosas.
Además, Núñez denuncia que la Ley de Presupuesto, aquella aprobada a marcha camión con el retiro de protesta de los legisladores de la oposición progresista, estableció siete modificaciones importantes a impuestos ya existentes, como el IVA y el Imesi que, como bien señala el legislador, son impuestos al consumo por excelencia: ampliando su base imponible, modificando las formas de cálculo del impuesto o modificando las alícuotas. Pero en todos los casos el resultado fue el mismo: aumento de la recaudación o, lo que es lo mismo, aumento de la presión fiscal sobre los consumidores.
Después de enumerar uno por uno los nuevos impuestos y las modificaciones a los viejos, Núñez estampa una conclusión lapidaria: antes de la aplicación del Cofis para 2001 se verifica un incremento de la presión fiscal de 80 millones de dólares, a partir de las estimaciones realizadas por el Equipo Económico de gobierno.
Es a estas «chirolas» que absorbe el Estado que habría que agregar los 145 millones que, como mínimo, se espera recaudar con el nuevo impuesto que se discute en estos días.
¿Qué pasa que no se oyen las protestas de aquellos que anunciaban que el mundo se venía abajo cuando se difundieron las propuestas tributarias que –con vuelo y perspectiva de desarrollo productivo– formularan los economistas del Encuentro Progresista?
Jorge R. Bruni
Son 500.000 los uruguayos que están al margen de la seguridad social.
1. -El siete oficios
Un día es un integrante del Sodre que a capella nos canta algo. Otro, una joven, casi una niña que nos deja una hermosa melodía con su flauta o clarinete.
A renglón seguido, un muchacho joven estudiante de teatro, que nos cuenta alguna historia. Finalmente un veterano, muchas arrugas, usando una más que destartalada guitarra pretende hacernos escuchar algo parecido a un tango. Todo por unas moneditas, a voluntad. En fin….
A esta altura de los acontecimientos, el cierre de Sudamtex y los centenares de trabajadores sin trabajo no son noticia. Es el símbolo de los tiempos modernos, según lo llaman nuestros fanáticos economistas neoliberales.
¿Por qué extrañarnos? ¿Acaso los últimos datos oficiales del seguro de paro no nos están indicando cifras alarmantes? Treinta mil uruguayos que han percibido el subsidio en el BPS en el último período. ¡Son sólo apenas el 17 o 18% del total de desocupados del país! ¿Qué les parece?
¿Cuántos trabajadores de la textil que funcionaba en Colonia terminarán encima del transporte colectivo, por unas moneditas, a voluntad? Quizás antes habrán intentado trabajar en negro, en la informalidad, verdaderos siete oficios.
Es decir, engrosarán ese inmenso y dramático mundo de 500.000 uruguayos que están al margen de la seguridad social, totalmente desprotegidos.
Los más calificados emigrarán, principalmente si son jóvenes. Ayer mismo, LA REPUBLICA editorializaba acerca de un informe de la Universidad de la República que nos dice que en el último decenio salieron del Uruguay casi 12.200 técnicos y profesionales que se instalaron en otros países de América. En esa cifra no se contabilizan los que se fueron a Europa. ¡Impresionante!
2. La inseguridad
Un día sí y otro también, la prensa nos informa acerca de niños y niñas que, aisladamente o en bandas, se agarran a las trompadas, rapiñan, balean o son sorprendidos usando drogas.
Otro día nos enteramos de cincuentones que roban. Ya lo decía el encuentrista Marcos Abelenda: la séptima parte de los reclusos del Comcar, unos cien, había delinquido por primera vez a esa edad.
Y claro, al fin aparecen los salvadores de la patria, que con un discurso fascistizante, gritan a voz en cuello que los pobres son peligrosos, que los jóvenes son delincuentes en potencia, que hay que reprimirlos. ¡Bárbaros pacificadores hijos del neoliberalismo, que terminan clamando por la justicia por propia mano!
Y después tenemos las encuestas o seudoencuestas que descubren o inventan, también sucede lamentablemente, estados de opinión referidos a sentimientos de inseguridad, lo que no significa negar que existan. Pero habría que preguntarse qué intención hay o quiénes están detrás de ello. ¿Cuántos políticos han hecho carrera, prestigiosa muchas veces, enancados y promoviendo sentimientos de miedo social, autopostulándose en defensores de la sociedad, transformándose en verdaderos profesionales en su oficio?
3.- El fanatismo
Mientras tanto, nuestros ilustres prohombres del statu quo, en fin, ¡ni siquiera eso! ya que de serlo deberían defender el mantenimiento de lo actual, nos siguen diciendo tan campantes que hay que competir, como si el sacrosanto mercado no generara pocos ganadores y muchos perdedores, finalmente excluidos sociales.
Ya lo decía mi querido Peloduro, entran reculando a la historia, retrotayéndonos al peor de los pasados.
Y conste: digo el peor, ya que no todo lo pasado es malo.
Nos resultan reaccionarios, cavernarios que nos han precipitado a este verdadero estado de barbarie social creciente. ¡Y cuánto más tétrico resulta que estos señores hablen en nombre del progreso!
Y con los cuales no se puede discutir con argumentos, ya que a la razón oponen verdaderas tesis impregnadas de dogmatismo, fanatismo casi religioso.
Señores, para ustedes es igual a una competencia deportiva, así de frívolos me resultan. Quien compite es para ganar, lo que precipita al otro a la derrota.
Nada que ver con la elemental solidaridad, principio sustancial de la seguridad social.
Esa que nos permitirá proyectar políticas sociales para parar el avance del culto del individuo soberano del ¡hacé la tuya!, y para que nuestros abuelos, padres, y nosotros mismos, no terminemos nuestras vidas en la soledad de las soledades.
* Integrante del Equipo de Representación de los Trabajadores en el BPS.
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