Presiones imperialistas sobre la Argentina
El episodio es aleccionador. Y la nota periodística que comentamos también tiene su picardía. Nos referimos a un artículo editorial del matutino porteño Clarín publicado el pasado sábado. La nota tiene como título «Otras caras del imperialismo». Si no se tratara de un medio «insospechable» de izquierdismo sólo el título habría suscitado objeciones entre los partidarios de renovar el entero lote de expresiones –y a veces con las expresiones marchan las ideas– del pasado izquierdismo.
Imperialismo, sí señor, le llama Oscar Raúl Cardozo a las presiones diplomáticas alemanas sobre el gobierno de Fernando de la Rúa a propósito de la decisión del gobierno argentino, otros «insospechables», de dejar sin efecto un contrato suscrito entre la Argentina y la multinacional alemana Siemens para la confección de un nuevo Documento Nacional de Identidad a los ciudadanos de ese país.
Por el contrato inicial, el costo de cada DNI sería de 27 pesos argentinos. Ahora el gobierno ha decidido fabricarlo, con las mismas características de inviolabilidad, etcétera, pero a un costo de 15 pesos. Rescindido el contrato con la empresa alemana, los primeros mil documentos se fabricarán en los próximos días.
La decisión soberana del gobierno constitucional de Argentina ha motivado una singular gestión diplomática a cargo del ministro de Defensa de la República Federal Alemana, el socialdemócrata Rudolf Scharping. En una conferencia de prensa realizada en Buenos Aires, el diplomático dijo que la decisión del gobierno argentino «era un error y que seguramente obligaría a otras firmas alemanas a reevaluar sus negocios en Argentina». De paso, de fuentes diplomáticas alemanas se difundió el rumor de que Volkswagen está a punto de suspender una inversión de 40 millones de dólares.
Según Cardozo, Scharping fue más lejos y «afirmó que la cooperación militar de Alemania con la Argentina también estaba en revisión, y deslizó que su gobierno podría hallar más beneficios en trasladarla a Chile o Brasil».
El asunto no para ahí. Se habla también de una carta del canciller socialdemócrata alemán Gehrar Schroeder, también en lo que se estima como una gestión «destemplada».
Al parecer la empresa Siemens «cree que debe ser indemnizada con 138 millones de dólares por el Estado argentino» siendo que –como comenta Cardozo– aún no ha confeccionado un solo DNI y en un marco contractual en el que la inversión total comprometida por la firma (incluyendo la informatización de los puestos fronterizos) fue de doscientos millones de dólares».
El episodio para Argentina tiene una arista más. Desde hace ya bastante tiempo la prensa de ese país ha venido hablando de que el contrato con la Siemens era sospechoso de corrupción. La diferencia de precios entre el DNI fabricado por el Estado argentino y el de la empresa alemana parece también alimentar esa sospecha.
El episodio no puede ser más ilustrativo. En su nota, reflexiona el comentarista de Clarín: «Aunque no es apropiado disminuir la complejidad del fenómeno conocido como imperialismo, lo cierto es que detrás de las teorizaciones de sus grandes analistas como Lenin, Rosa Luxemburgo y Joseph Schumpeter — por cierto desde el otro lado de la frontera ideológica– el gesto común que se esconde es el de la prepotencia«. (Las negritas son de Clarín).
Se podría agregar, como conclusión provisoria, que la historia de los DNI argentinos nos brinda también algunas conclusiones acerca de los riesgos de las privatizaciones y sobre todo las que conllevan el pasaje a la actividad privada extranjera, como ha ocurrido frecuentemente con relación a las grandes empresas que atienden los servicios públicos.
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