TV y botánica

Como mucha gente sabe, el abeto es un enorme árbol de la familia de las abietáceas. Puede contemplárselo en todo su esplendor en la Selva Negra, atravesando Alemania en auto desde los países nórdicos a Suiza, por ejemplo. Es un coloso de 40 metros de altura, su madera tiene múltiples usos en la construcción y de su corteza se saca trementina, pez y colofonia. Domina los horizontes, tiene altura de miras. Pero no es el único abeto del mundo. También los hay en otros lugares, incluso en nuestro país. Pero aquí no miden 40 metros sino 40 centímetros, es decir la altura de una pantalla de televisor. Por lo tanto sus alturas de miras son muy reducidas. Aquellos abetos son los llamados abetos verdes y éstos tienen su denominación local de abeto An/*. No obstante ostentan sus particularidades: son parlantes y una vez enarbolados hablan y opinan de lo que no saben. Hacen estallar a carcajadas, por ejemplo, cuando hablan de trasliteraciones del avañe’è con vocales hispánicas. La madera de esta variedad de abetos no sirve para nada, es mala madera simplemente. De su corteza se obtiene tonterina, gazapo y cacofonía. Además –como decía Sartre– se creen que existen. Aquí a estos abetos los llamamos An/*/abetos o con cierta conmiseración An/*/abetitos. Todo demuestra que, ciertamente, lo son.

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