Si todo iba bien con Sanguinetti, ¿por qué es tan necesario cambiar?
La renovación periódica del titular del Poder Ejecutivo, el cambio de presidente, es uno de los atributos más señalables de nuestro sistema institucional.
La rotación de los elencos políticos es una fuente importante de las garantías que, en este delicado terreno, otorga el sistema republicano.
En este período la rotación es sólo a medias dado que, como es obvio, el triunfador lo es con el partido de gobierno y buena parte del personal anterior permanecerá en funciones de mando durante esta nueva administración colorada con respaldo blanco.
Es razonable entonces esperar que los grandes rumbos trazados por Sanguinetti y Volonté, con el respaldo de Lacalle y Batlle, se mantengan y aún se profundicen en varios aspectos que han sido criticados desde estas páginas.
También son explicables, dentro de ese lineamiento político común, algunos matices surgidos de la personalidad de cada mandatario. Matices comprensibles y sin demasiada trascendencia: si Batlle se entrevistará diariamente con la prensa o no, como lo hacía Sanguinetti, o la forma como intentará resolver tal o cual problema administrativo y cuestiones de ese tipo.
De todos modos, y aunque por ahora apenas insinuados, algunos cambios más significativos se perciben y vale la pena sobre ellos reflexionar.
Entendámonos, es la índole de los cambios que surgen la que arroja luz no sólo sobre los propósitos de Batlle sino sobre el hasta ahora bien maquillado balance de la gestión Sanguinetti.
Dicho de otro modo ¿si la situación fiscal es tan equilibrada como la presenta el gobierno anterior, por qué esta gestión debe comenzar con un «doloroso ajuste del gasto público», para emplear las palabras del nuevo Presidente?
Si la convivencia política era tan armónica como la definía Sanguinetti, campeón mundial de la tolerancia, ¿por qué ahora hay que poner el acento en la búsqueda de la reconciliación entre todos los uruguayos?.
Si la administración era tan transparente como la pintaba Sanguinetti, ¿por qué ahora hay que instalar un cuerpo especial y poner la Auditoría Interna de la Nación dependiendo directamente de la Presidencia para el control del gasto?
Si la reforma del Estado se ha realizado para desburocratizarlo, como decía Sanguinetti, ¿por qué ahora hay que eliminar cargos en distintos ministerios y reubicar a 260 funcionarios que estaban en Comisión en las superpobladas dependencias del Edificio Libertad?
Si se decide ahora cuidar la marcha de las licitaciones y las compras del Estado ¿es que estaban tan bien como las pintaban bajo la administración pasada?
Si las 39 radios otorgadas por Sanguinetti constituyeron un acto correcto de gobierno ¿por qué dejar sin efecto la concesión?
¿Qué ha ocurrido en unas pocas horas en este país?
¿Será que mientras Sanguinetti le entregaba la banda presidencial a Batlle pasó por el país El gran Bonete e hizo todos los desatinos que el nuevo gobierno debe reparar?
Si la administración era cuidadosa y los gastos espartanos ¿por qué hay que iniciar ahora un período de austeridad?
¿Quién licitó, empleó y compró mal?
¿Quién licitó sin transparencia, denostó a quienes no pensaban como él y cerró todos los caminos para la reconciliación nacional?
No conteste todavía y pregúntese con nosotros:
¿si todo estaba tan bien con Sanguinetti, por qué hay tanta necesidad de cambiar?
Compartí tu opinión con toda la comunidad