Leva española en el Uruguay
Con fecha 18.5.01 y bajo el título de «Ahora se sabe» el rotativo El País nos aclara algo monstruoso, de ser cierto, desde el punto de vista uruguayo y que dicho diario justifica «beatíficamente»: una injerencia del gobierno español en nuestro país. Se refiere concretamente a que militares españoles en nuestro territorio están reclutando a jóvenes uruguayos, de origen español pero uruguayos al fin, nacidos en tierra oriental bajo nuestra bandera, para enrolarlos «humanitariamente» en el ejército íbero; su destino sería llevarlos según trascendidos, al norte de Africa, al Golfo Pérsico o a los Balcanes (como quien dice «los Paraísos del Mundo») a servir de «carne de cañón» bajo sus banderas. La idea por cierto no es nueva en el mundo.
Ya los ingleses e incluso los franceses siempre bastante más adelantados que los españoles en materia imperial lo han hecho durante décadas. En sus ejércitos de ocupación o de conquista eran y son ingleses o franceses, según el caso, los oficiales, y la tropa que va al frente y muere son los súbditos de las colonias.
Un ejemplo son los famosos gurkhas nepaleses del ejército británico o la Legión Extranjera francesa tan mentada. Los españoles que se creen «vivos» están haciendo lo mismo con el agravante que este año eliminan el servicio militar obligatorio. Van a carecer de tropa propia suficiente y «contratan» mercenarios de origen íbero. O sea, los oficiales son españoles y la «carne de cañón» los despreciados «sudacas» latinoamericanos (orientales entre otros…) a quienes se les niega el derecho al trabajo, ley de extranjería mediante en España, pero no el «derecho» a morir por ellos. Por supuesto «visten» el enrolamiento con la anuencia de la prensa y el silencio de los políticos vernáculos que en forma inadmisible esgrimen el argumento «humanitario» que es darles U$S 500 mensuales (un poco más de $ 6.000 y uniforme como si fuese un frac…) y prestar servicio en cuarteles en el norte de Africa, los Balcanes o el Golfo Pérsico. Casi nada. En buen romance, lugares de notorios crueles enfrentamientos donde las posibilidades de terminar con un balazo en la frente son reales y ser devueltos en el clásico sobretodo de madera. Pero eso sí, cubiertos por la bandera «gualda». Ni siquiera la nuestra. El «generoso» premio según la prensa de marras son los U$S 500 miserables. ¿Por qué no llevan a esos lugares en iguales condiciones a la juventud española? Para ellos en su tierra sí hay fuentes laborables pero no en el riesgoso ejército por cierto. Pero lo más grave es la anuencia y complicidad de los diversos responsables en nuestro país.
La prensa grande publicita en su principal página y en colores a jóvenes uruguayos (ciudadanos orientales) haciendo la venia, no a los símbolos o autoridades uruguayas, sino a presuntas banderas o autoridades militares españolas o sea extranjeras. Con el aparente, ¡y lo aclaran! que por más antecedentes peninsulares que tengan, aunque corran el riesgo de morir por la «vieja y amada España», no se les da la calidad de ciudadanos de esa nación. Serán meros mercenarios (la carne de cañón antedicha). ¡Nuestra prensa, en el mismo artículo, lo justifica por la mala situación económica y laboral que vive el país! Es obvio que estamos mal. Pero tampoco el Uruguay es Somalia, que tiene que «regalar» su juventud por hambre o miseria.
En segundo lugar, ¿cómo nuestro gobierno, don Jorge, mediante ministros del Interior y Defensa, etcétera, permite el enrolamiento de uruguayos oficialmente en nuestro territorio por oficiales de fuerzas armadas extranjeras? O sea, una cosa es que un individuo mayor, por sí, elija un enrolamiento extranjero (ejemplo la Legión Extranjera francesa) y otra muy distinta es que vengan fuerzas armadas extranjeras a «importar» nuestra juventud a morir en tierras extrañas defendiendo ejércitos foráneos.
Tercero, ¿el ejército nacional, sus comandantes en jefe, no advirtieron esta intromisión en la soberanía uruguaya violando incluso sus potestades, entre las cuales está el defender su gente, que es llevada por «colegas» extranjeros a servir en otras tierras en ejércitos que no son los nuestros? Y que no se me diga que es una «libre» elección. ¿Qué pueden saber y tener conciencia del peligro que corren «botijas» apenas veinteañeros de los lugares y riesgos en que los van a meter? Seamos lógicos. No son profesionales ni militares de carrera. Son «gurises» que van a riesgo de muerte por U$S 500 «deslumbrados», bajo banderas y mandos extraños. No son oficiales uruguayos, sus hermanos, que los dirijan, defiendan y ordenen. Son «gallegos» sus futuros mandos.
¿Qué hacen los partidos políticos, preocupados por coaliciones y carguetes, por evitar esta monstruosidad? Herrera en circunstancias mucho más graves de presión, cuando en la guerra mundial las potencias aliadas querían obligarnos a mandar nuestra juventud al frente, se opuso indignadamente y lo evitó con el resumen de aquella histórica frase «allá ellos los rubios y amarillos del norte con sus problemas, no será la sangre oriental la que defienda sus intereses».
Ese viejo gigante era un patriota. No los alcahuetes que tenemos ahora que andan del brazo de los imperios. Que los colorados, que siempre fueron entreguistas por principios, no se «percaten» de la intromisión, no sorprende. Pero los blancos, que tenemos una tradición bien ganada de defensa de la soberanía y de nuestra gente, sin perjuicio del Frente Amplio, que se pasa invocando integridades nacionales e intervenciones extranjeras, se callen y acepten esta intromisión en nuestro territorio y con nustra juventud, es significativo y alarmante. El doctor Lacalle y el senador Mujica, que son de los que más invocan estos principios, ¿tan distraídos están que no se han dado cuenta que deben defender como prioridad elemental la integridad de la juventud oriental?
Tampoco olvidemos al arzobispado y demás obispos, tan prestos en declaraciones sociales y humanas, que como católico comparto, ¿no se manifiestan defendiendo a estos chicos que van de carne de cañón el extranjero, que son seres humanos y por añadidura, estoy seguro, también son feligreses?
En buen romance, en ésta no se salva nadie. No hay justificantes por más descendientes de españoles que sean. Son uruguayos, nacieron en esta tierra bajo nuestra bandera y es ella la que debe defenderlos. Ningún estado extranjero puede venir a buscar mercenarios a nuestra patria. El futuro de nuestra juventud no es terminar de mercenarios de los imperios, sino ser gente útil para ellos mismos y a su patria, que es el Uruguay. Allá ellos los españoles con sus intereses y sus problemas. Y conste que esta frase por cierto que no es mía.
PD: Se nos informa, por si el Presidente, los ministros del Interior y Defensa, demás autoridades y servicios «inteligentes» lo ignoran, que los oficiales españoles están haciendo las pruebas de admisión de uruguayos en el polideportivo del Centro Gallego de Carrasco. Si es cierto, bueno sería que despidan con un beso en la frente a los «botijas»…
*Convencional del Partido Nacional
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