Democracia y viejas deudas
La masiva demostración cívica del pasado domingo, su sereno y digno transcurso, el carácter respetuoso y pacífico de su desarrollo tienen un alcance ético y político que sería una muestra de tremenda miopía desconocer.
No abundan en nuestro país manifestaciones de este tipo, llevadas adelante sin propaganda, sin organización del traslado, en la que la multitud –la mayor concentración de uruguayos que se ha reunido en lo que va del año– asista a partir de una convocatoria silenciosa, de naturaleza moral y civilizatoria, sin pretensiones de dividendos de ningún tipo.
La demanda silenciosa fue la oportunidad para que desde filas de los organismos que convocaron y de las fuerzas políticas solidarias se formularan algunas declaraciones de sumo interés. En ese terreno se ubican las realizadas por el senador Rafael Michelini, en una entrevista exclusiva con LA REPUBLICA.
Empieza por señalar el carácter simbólico del asesinato de Zelmar. Se trata de un punto esencial. En gran medida, la inaudita muerte de Zelmar y Héctor Gutiérrez Ruiz fue una suerte de salvaje amenaza a todos los que se oponían a la dictadura, la expresión –para que nadie dudara– de la incontenible impunidad de los grupos de tareas de los militares golpistas. De ahí la enorme importancia, también simbólica, de esclarecer el episodio, como señala el senador Michelini.
Reclama, asimismo, y es absolutamente compartible, «que se haga justicia», empezando por «el reconocimiento de los hechos».
La acción criminal –puntualiza– fue realizada como un acto típico del terrorismo de Estado, fuera de cualquier instancia de guerra interna (que se desarrolló en los años 1971 y 1972) y donde más que una pugna de tipo militar, lo que existió, por parte del Estado, fue la persecución a los sindicatos, a los partidos políticos, a las asociaciones y a la gente común.
Resultan claras también las apreciaciones realizadas por el senador del Nuevo Espacio en lo referido a las instancias que se han abierto el año pasado y la nueva situación que se vive con la instalación de la Comisión para la Paz: «Si los militares no aportan la información correspondiente poco se va a saber sobre los niños desaparecidos, sobre los presos desaparecidos» y demás.
Para Rafael Michelini los militares tienen una «actitud de cobardía». ¿Qué hacer frente a eso? La respuesta es categórica: «no vamos a quedar presos del silencio cobarde de unos pocos militares que habiendo participado en los horrores no están dispuestos a dar la información».
Si este silencio, entiende el entrevistado por LA REPUBLICA, se mantiene, «encontraremos otros mecanismos, más complejos, capaz que más conflictivos, pero de brazos cruzados no nos vamos a quedar».
Las declaraciones del líder del Nuevo Espacio tienen una amplia zona de coincidencia con las efectuadas al día siguiente por el presidente del Frente Amplio-Encuentro Progresista, Dr. Tabaré Vázquez.
Se trata de una arista en cierto sentido nueva en el tratamiento del problema. Hasta ahora, los movimientos de opinión y el manejo de los elementos de información se iban ordenando en el sentido de culpabilizar a las víctimas, a los movimientos o las actitudes de quienes reclaman justicia. Ahora, con toda justeza, saliéndole al cruce a esa tesitura de las derechas, los líderes de la izquierda progresista denuncian la responsabilidad donde efectivamente está: en el pacto de silencio de los acusados de los delitos de desapariciones y homicidios.
Y, como bien se ha dicho, si desde quienes tienen la información no se actúa, «otros mecanismos más complejos, capaz que más conflictivos» se pondrán en funcionamiento.
¿O es que alguien piensa que la sociedad uruguaya, empezando por los más afectados por los crímenes y las desapariciones se va a cruzar de brazos ante la injusticia y el silencio?
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