Todavía al amparo de la impunidad
Se cumple en estos días un cuarto de siglo del secuestro y posterior asesinato de cuatro uruguayos en la ciudad de Buenos Aires: Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Sonia Barredo y William Whitelaw.
A partir de 1996 la evocación del episodio ha generado la expresión de protesta más extendida de la ciudadanía en los últimos años, mostrando hasta qué punto el crimen ofende sentimientos y convicciones profundamente arraigadas en el pueblo uruguayo. Una vez más, los familiares, los organismos sindicales y de derechos humanos comprometidos con la defensa de los ideales de verdad y justicia han convocado para el próximo domingo 20 a tan sentida y conmovedora expresión de dolor.
25 años después del crimen, para vergüenza del país, y sobre todo de la clase dirigente, no se ha avanzado un centímetro en el restablecimiento de la verdad. Queda en pie, en ese como en otros episodios dolorosos, la versión difundida uno días después del 20 de mayo de 1976 por la Oficina de Prensa de las Fuerzas Conjuntas, «solicitando la colaboración de la población para detener a Héctor Gutiérrez Ruiz», acusado, después de haber sido asesinado, de pertenecer a una organización sediciosa.
A lo largo de todos estos años, distintos trabajos de investigación periodística –ante la clamorosa ausencia de un procedimiento judicial– han permitido ir construyendo algunas hipótesis seriamente fundadas acerca de los móviles posibles del operativo terrorista plasmado en Argentina en mayo de 1976.
Basta analizar el cuadro de crímenes políticos perpetrados en el curso de ese año (Bernardo Letelier, Juan José Torres) para situar, como lo ha hecho el periodista Samuel Blixen, el crimen de Michelini y Gutiérrez Ruiz en la lista de las víctimas de la mortífera coordinación entre las dictaduras terroristas del Cono Sur conocida como el «Plan Cóndor».
Otra hipótesis interpretativa posible ha sido la relación existente entre el crimen y las gestiones «aperturistas» que venía realizando el ministro de Economía de la dictadura, Alejandro Végh Villegas, quien, con el apoyo de la diplomacia norteamericana, había pergeñado «una salida» a la dictadura que suponía un repliegue de los militares y la convocatoria a elecciones.
En el marco de esa propuesta Végh se había entrevistado unos días antes con Zelmar Michelini, y proyectaba hacerlo con Wilson Ferreira Aldunate. El asesinato de Michelini, y el intento apenas frustrado de hacer lo mismo con Wilson Ferreira, apuntarían precisamente a cerrar cualquier alternativa de «recambio» o salida a la dictadura. No obstante, impulsado por sus «comandos» antisubversivos, el régimen demostró que había venido para quedarse.
Más de allá de cualquiera de estas propuestas de interpretación, o de la conjunción de más de una, hay un hecho indudable: el asesinato de dos destacados líderes de la oposición política era una señal que iba más allá de los cuadros militantes. Era el anuncio de que el terrorismo de Estado no tenía límites. Ni geográficos, ni en la atrocidad de sus medios.
El asesinato de los dos líderes era un mensaje destinado a todos los que en cualquier parte del mundo, pero sobre todo en Uruguay, se oponían a la dictadura. Una medida ejemplarizante, de naturaleza estrictamente terrorista, con una finalidad manifiestamente intimidatoria. Apuntando al corazón de la resistencia cívica y democrática que realizaban la izquierda y las fuerzas progresistas, con el asesinato de los líderes se buscaba la desmoralización de la lucha y la desmovilización.
La ausencia de toda investigación oficial sobre el luctuoso episodio de mayo de 1976 tiene una primera lectura en cierto sentido lineal: la defensa de la impunidad de los directamente implicados en un crimen tan repugnante. La ausencia de verdad, el silencio sórdido con que el Estado ha rodeado el crimen hace que, en los hechos, el objetivo intimidador, la idea de la omnipotencia de los criminales, siga actuando como un factor silencioso y activo en la conciencia cívica del país. De ahí la importancia y el sentido profundamente democrático de la marcha del próximo domingo.
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