¿Comienzan los encontronazos?
El discurso pronunciado el miércoles ante la Asamblea General por el doctor Jorge Batlle en ocasión de prestar juramento como nuevo Presidente confirmó la percepción generalizada de que estamos ante un nuevo estilo de hacer política que dará a su gobierno una impronta propia, muy diferente de lo que fueron las administraciones de Sanguinetti y de Lacalle.
Que nadie se llame a engaño ya lo advertíamos en editorial del 19 de febrero respecto de la impronta económica del nuevo gobierno. Serán cinco años más de lo mismo: bajo nivel de salarios, presupuestos con «gasto cero», prevalencia del sector financiero sobre el productivo, tendencia a la flexibilización, etcétera.
Pero concretamente en un tema relevante y especialmente sensible, como sin duda lo es el de los detenidos desaparecidos, el novísimo Presidente volvió a expresar el miércoles ante la Asamblea General su punto de vista bastante distinto al de su antecesor, al destacar su propósito de «sellar para siempre la paz entre los uruguayos», tarea que corresponde a todos, y para la cual se mostró dispuesto a hallar una verdadera solución.
El doctor Batlle es el líder de un sector del Partido Colorado Unidad y Reforma y luego Batllismo Radical sector donde se formó el doctor Sanguinetti, quien fundó su propia agrupación el Foro Batllista como escisión de aquél. No obstante las pujas internas y las disputas por liderazgos, se tenía la percepción (y esa fue la imagen que se ocuparon de promover durante la campaña electoral) de que ambos sectores no tenían diferencias relevantes y que el Partido podía exhibir orgulloso una unidad de la que carecía su antiguo rival; no en vano, inmediatamente después de las internas que consagraron a Batlle, hubo consenso para designar como candidato a vicepresidente a quien había sido su adversario, el profesor Hierro.
Ahora bien. Apenas transcurridas veinticuatro horas de la asunción del nuevo gobierno, la idílica unidad de que hacía gala el Partido de Rivera sufre un primer embate que la amenaza seriamente. En efecto, tal como informamos en esta misma edición, surgió ayer la primera diferencia entre los dos principales sectores del partido de gobierno: el Foro y la 15 aparecen enfrentados a propóstio nada menos que del problema de los detenidos desaparecidos.
El flamante ministro de Defensa, Luis Brezzo, parece haberse apresurado un tanto a marcar y reivindicar la tradicional postura forista sobre el tema. Para Brezzo, la «solución uruguaya» al problema de las violaciones a los derechos humanos es la correcta, y resulta vano intentar cualquier gestión ya que a su entender, el tema fue laudado. Este soldado forista hace suyo el razonamiento que su líder se ha ocupado de repetir hasta el cansancio, y da la impresión de que está dispuesto a relevar al jefe en esa trinchera, retomando su discurso machacón y poco convincente.
No somos partidarios de las unanimidades (no creemos en ellas) pero no deja de resultar inquietante que en el seno del novel gabinete ministerial y en la primera jornada de trabajo, asomen estas discrepancias sobre temas nada menores. Es lícito preguntarse hasta dónde los socios del Presidente están dispuestos a acompañarlo, y si en definitiva no hay quizás la intención de controlar su gestión para impedir cualquier salida de un libreto que la derecha conservadora exige que se cumpla al pie de la letra.
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