1976 - 20 de mayo ­ 2001

Creo que ya es tiempo

Edgar Bellomo*

 

Esta columna, de la que me honro en participar, la he ocupado para realizar planteos hacia la sociedad civil procurando contribuir al debate de los grandes temas nacionales y al avance del progresismo. No acostumbro a utilizarla para transcribir parte de lo que ha sido mi actuación parlamentaria, pero creo que hoy sí es conveniente que lo haga.

El lector comprenderá seguramente el motivo y juzgará si fue acertada la decisión.

La que sigue es la versión taquigráfica de una intervención por mí realizada en la Cámara de Representantes, en uso de la » media hora previa», y que considero necesario colectivizar.

 

l 20 de mayo ha pasado a ser una fecha emblemática para nuestro país. Si bien debe admitirse que no todos los uruguayos otorgamos la misma importancia o trascendencia a esta fecha, no es menos cierto que ha sido incorporada mayoritariamente a la agenda política y social del Uruguay como el «día de la memoria» en lo que respecta a los detenidos desaparecidos por la dictadura, tan feroz como infame, que le tocó en desgracia vivir a nuestro país, al llamado Cono Sur y a otros países hermanos de nuestra doliente y postergada América Latina en las décadas del setenta y del ochenta.

El próximo 20 de mayo es un día tan especial como los anteriores, con el agravante, diríamos, de que en esta ocasión se cumplen veinticinco años de las muertes en suelo argentino de ilustres compatriotas. Por aquellos días fueron secuestrados, torturados y vilmente ejecutados –los voy a nombrar por orden alfabético– Rosario Barredo, Héctor Gutiérrez Ruiz, Manuel Liberoff, Zelmar Michelini y William Whitelaw. No fueron los únicos; todos lo sabemos.

No es hora de diferencias; lo impone el respeto y el sentido común. Los que han sido igualados en la condena que significó sufrimiento y muerte, no merecen distinción ni discriminación alguna, y menos aún en esta Casa, que es la casa del pueblo, en tanto en ella actuamos sus representantes democráticamente electos. Pero, en virtud de que dos de los mártires nombrados fueron dignos representantes de nuestro pueblo y ejercieron ambos la Presidencia de este Cuerpo, permítaseme formular entonces un pedido especial. Con igual intención e igual espíritu con que el mismo día en que asumió su mandato el señor Presidente de la República expresara en esta Sala, ante la Asamblea General, su voluntad de ‘sellar definitivamente la paz’ entre los orientales, y con el mismo respeto, prudencia y silencioso apoyo con el que se instalara el pasado 9 de agosto la Comisión para la Paz, esperamos que desde el Poder Ejecutivo se brinde a la ciudadanía y a la opinión pública en general una señal esperanzadora en este sentido. Aguardamos con serenidad, con la misma paciencia que hemos demostrado hasta ahora, pero con enorme ilusión, que antes de que se cumplan, el próximo 20 de mayo, los veinticinco años de aquellos dolorosos acontecimientos, el señor Presidente de la República informe la verdad sobre ellos. Sabemos que subsisten dificultades, pero no pueden ser insuperables, no deben ser eternas. No pretendemos ni pedimos más que eso: esclarecer divulgando. Creo, humildemente, que éste puede y debe ser ese histórico momento.

Como representante nacional, como miembro pleno de la digna Comisión de Derechos Humanos de esta Cámara y también como ciudadano y uruguayo nacido un 20 de mayo, solicito al señor Presidente de la Cámara que, por la vía administrativa que corresponda, se haga llegar la versión taquigráfica de mis palabras, con esta solicitud, al señor Presidente de la República, doctor Jorge Batlle Ibáñez, y a los medios de prensa acreditados ante esta Cámara».

* Diputado Alianza Progresista EP-FA

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