Chávez, más allá de la polémica

Una postura americanista

La visita a nuesto país del controvertido presidente venezolano con motivo de la transmisión de mando, ha tenido la virtud de desmitificar de alguna manera la imagen polémica que de él se tenía, esa aura  sabiamente explotada por la derecha internacional  de gopista y demagogo embarcado en un populismo antiliberal.

Hace algunos meses, el politólogo venezolano Eusebio Pérez de la Fuente había llamado la atención sobre esa campaña de desprestigio, señalando que en esta evaluación de la figura de Hugo Chávez tiene mucho que ver la clase conservadora venezolana, «una mezcla de aristócratas y plutócratas racistas, corruptos y soberbios, que no puede admitir la llegada al poder, por medios perfectamente lícitos y legítimos, de un genuino representante del pueblo. Un oscuro soldado convertido en líder político con la adhesión de las grandes masas postergadas. Un ‘parvenu’, un elemento ajeno a la clase gobernante, a esa aristocracia mantuana que ve con horror cómo un mestizo, llevado al gobierno por las clases populares desposeídas, amenaza sus privilegios y su poder».

Con las salvedades del caso y sin que ello signifique una toma de posición en la controversia sobre el presidente venezolano (no olvidamos que protagonizó una intentona golpista), resulta ineludible hacer referencia al discurso que pronunció Chávez en la sede de Aladi, que puede considerarse como una suerte de resumen de sus ideas y propósitos.

Hay allí y en lo expresado en conferencia de prensa posterior, una abrumadora mayoría de afirmaciones con las cuales es imposible no coincidir, pues están en un todo de acuerdo con lo que ha sido la prédica de LA REPUBLICA desde su nacimiento.

En primer lugar, hay una clara posición americanista o, mejor dicho, latinoamericanista que retoma los ideales bolivarianos de integración en una gran «República de los Andes». En ese sentido deben tomarse sus palabras sugiriendo una integración que trascienda lo económico para conformar un gran bloque político que pueda hacer frente a la prepotencia de las naciones ricas. Tal afirmación es por demás oportuna en momentos en que en nuestro país asume un gobierno dispuesto a dar la lucha contra la política de subsidios practicada por la Unión Europea y los Estados Unidos.

Al mismo tiempo, asume una clara postura contra el bloqueo dispuesto por Estados Unidos a Cuba, preguntándose  con toda lógica  si la isla del Caribe constituye realmente una amenaza para algún país del mundo. No está nada mal que el jefe de estado de un importante país sudamericano se manifieste decididamente en contra de la injerencia de las superpotencias en los asuntos internos de los países débiles.

Del mismo modo merece resaltarse su punto de vista sobre la droga, ubicando el problema en su justo lugar al advertir que corresponde llevar el combate contra el flagelo a los grandes mercados consumidores, donde además están las finanzas del narcolavado.

Por último, cabe suscribir su definición del neoliberalismo: «es el camino al infierno», por cuanto el mercado se ha demostrado incapaz de regular la economía. Según sus palabras, se trata de la «mano peluda del mercado que todo lo desarregla», y propone sensatamente un equilibrio entre el mercado, el Estado (al que no hay que minimizar) y la sociedad».

Más allá pues, de la polémica a propósito de sus convicciones democráticas, cabe señalar estos dichos del presidente venezolano como señales auspiciosas en el concierto latinoamericano.

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