El discurso presidencial en Quebec
Leopoldo Amondarain
El presidente Batlle ha sido coherente con su tradición familiar. Yo diría que ha sido bastante más que su padre don Luis. Seamos justos históricamente con Luis Batlle, que en alguna ocasión en las Naciones Unidas supo parársele de manos a los yankis. En cambio don Jorge, siguiendo la línea ininterrumpida de entreguismo a los imperios de turno tanto familiar como partidaria (el Partido Colorado toda su vida «siguió como el perro del cazador, al que tiene la escopeta» al decir del doctor Duvimioso Terra), votó no sólo en contra de Cuba sino que ahora, como se le definió explícitamente, se entregó en cuerpo y alma apoyando al ALCA de la manera que se le antoje a Bush y sus muchachos en Quebec.
El discurso de don Jorge, típico del viejo Batllismo, fastidia hasta por lo «lambebota» con el «campeón de la democracia» como todos los entreguistas llaman al brutal imperialismo yanki. Para sacar adelante los desinteresados proyectos del joven Bush, les pide o más bien les «ruega» a los demás presidentes, líderes sindicales, políticos y empresariales del resto de América Latina que vayan a los EEUU a convencer a los demócratas que tienen la mayoría del Congreso, que apoyen a Bush para destrabar el ALCA que según él es la última oportunidad de desarrollo que tendría el Continente. Por supuesto ese malón de gente con nuestros batllistas a la cabeza llegarían con la «panza» pelada de arrastrarse.
Los colorados siempre lo hicieron y no es novedad que lo hagan ahora.
Siguiendo el razonamiento de don Jorge, el ALCA se puede resumir en razones prácticas en las siete mil estaciones de servicio que en EEUU tiene Venezuela (tercer productor de crudo del mundo, no lo veo a Chávez «despachando» nafta al menudeo…), Ecuador con su crisis espantosa, saldría de ella poniendo puestos de bananas esquineros (no especificó si eran 7.000 o más…) en las ciudades gringas, los brasileños instalarán metalúrgicas vendiendo acero y sorvetes de jugo de naranja y nosotros al igual que Venezuela de ser cierto, pondremos 7.000 carnicerías para salir al frente. Me estoy imaginando a don Jorge y a Opertti de guardapolvo blanco con la «sin fin» y las cuchillas despachando agujas, garrón y pesceto a «los rubios del norte». Este mamarracho no lo digo yo, fue el discurso del presidente en apoyo a Bush para obtener el ALCA.
Pero además, por si fuese poco, hay otro peligro gravísimo. Es el compromiso para integrar el ALCA, de fortalecer las democracias en el continente incluyendo la presión de cortar, a quien no obedezca, el acceso a los organismos internacionales crediticios, tales como el BID, etc. Y eso puede ser defendible. ¿Pero a qué democracia se refieren? ¿A la que imponga el imperialismo yanki? ¿Las democracias de partidos, como bien dijo el presidente Chávez, que se corrompen y se venden a los intereses y bloques económicos? Y en el caso de corrupciones notorias como la de Collor de Mello o de gobiernos similares como sufrieron Colombia y Argentina y tantas patrias americanas, al afiliarse al ALCA, sus pueblos carecerían del legítimo derecho a la rebelión. Yo no estoy ideológicamente con el gobierno de Cuba, que es marxista, pero ¿quién determina su exclusión por faltarle a la democracia? ¿Los yankis que pisotean a los pueblos que no les son afines? Desde el crimen de lesa humanidad de Hiroshima y Nagasaki, pasando por los bombardeos criminales a una ciudad inerme como Bagdad, hasta las múltiples intervenciones criminales en América, Grenada, Nicaragüa, Bahía de Cochinos, etc. ¿Están los EEUU autorizados moralmente a dirigir la democracia americana a piacere? Se comprometen a mantener la paz y seguridad utilizando los medios hemisféricos previstos para las intervenciones. ¿Cuáles son esos medios previstos? La eliminación o minimización de los ejércitos nacionales para llegar a una fuerza continental dirigida, organizada y ordenada por los yankis como es obvio. O sea, todo se encamina en definitiva, con el apoyo fanático y entreguista de don Jorge, a terminar siendo una estrella más en la bandera de los EEUU. Y digo con el apoyo de don Jorge, pues en forma inconsulta y arbitraria, por más presidente que sea, resuelve la política internacional del país. A lo sumo, en el caso de Cuba, le informó por teléfono desde el exterior al presidente del Honorable que había tomado resolución sin llevarle el apunte a nadie, cosa en la que el «Cuqui» mansamente y sin mayores pruritos, estuvo de acuerdo. Menos mal que cuando se informó en el Directorio de esta resolución arbitraria e inconsulta típica de un Batlle, hubo una sola voz que se opuso y blandió los viejos principios nacionalistas y herreristas, y fue el senador Larrañaga. Ante semejante soledad y ausencia de principios nos consuela pensar que todavía, aunque muy pocos, ¡algún buen criollo y nacionalista dan los tiempos!
* Convencional del Partido Nacional
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