La conmemoración obrera de ayer
El 1º de Mayo es una fecha profundamente enraizada en la historia del movimiento popular uruguayo. Ya desde el siglo pasado las organizaciones obreras, bajo la forma de asociaciones, ligas o sociedades de resistencia, iniciaron su larga saga en procura de mejores condiciones de vida y de trabajo. Es bien cierto que el «clasismo» de la labor historiográfica ha llevado a una situación en la cual en el uruguayo contemporáneo puede conocer hasta en detalle los acontecimientos de las clases dominantes.
Más difícil es conocer hoy cómo trabajaban, cómo vivían, como se aprendían, cómo se divertían y cómo morían los trabajadores en el siglo pasado. José Pedro Barrán ha escrito alguna vez: «el archivo de la Jefatura de Policía de Montevideo debe tener más pruebas sobre el problema obrero y su activo movimiento hacia 1900 que todos los diarios de Montevideo juntos, porque el problema obrero se resolvía en la esfera policial, lo que es otro índice, por demás elocuente del primitivismo de la época y de la combatividad del proletariado».
La tenaz lucha de los trabajadores a lo largo del último siglo y medio fue conquistando el reconocimiento y la legitimación de las organizaciones sindicales. A lo largo de esta dura saga, no faltaron las persecuciones ni la ilegalizaciones, como las que conoció la CNT a partir de 1973. Pero el movimiento consiguió sobrevivir y rehacer, primero en la clandestinidad y luego abiertamente, las formas de trabajo sindicalmente organizado. Y reconstruir asimismo la unidad que se alcanzó en los años sesenta.
Desde esa posición conquistada con sacrificio, el movimiento obrero fue uno de los protagonistas principales del proceso de lucha contra la dictadura a mediados de los años ochenta.
Con la vigencia de las instituciones democráticas, el sindicalismo uruguayo lucha por levantar las reivindicaciones principales de los trabajadores, en este momento agobiados por la falta de trabajo, la inestabilidad laboral, los bajos salarios y la falta de perspectivas.
En ese contexto se realizó ayer el acto de conmemoración en el que con la tradicional participación de decenas de miles de trabajadores se realizaron los actos de evocación del 1º de mayo en todo el país. La fecha fue la oportunidad para que los oradores designados por las organizaciones sindicales agrupadas en el PIT-CNT hicieran conocer al gobierno y a la opinión pública, críticas, las demandas y las propuestas de los trabajadores.
Como lo han venido señalando desde hace ya varios años los portavoces sindicales, el problema principal que aflige al mundo del trabajo es el del empleo o, dicho de otro modo, la falta de empleo. En los últimos meses, una serie de estudios llevados adelante por la Fundación Cuesta-Duarte y la delegación obrera en el Directorio del Banco de Previsión Social, permiten aquilatar la magnitud del ese flagelo social que es el desempleo. Junto con las formas abiertas y legalmente atendidas por el seguro de paro de la desocupación aparecen múltiples formas parciales y encubiertas, las distintas modalidades de precarización del trabajo.
Las proclamas difundidas pusieron especialmente el acento en examinar la situación de Ancap y de Antel, en el marco de la política de privatizaciones que impulsa el gobierno del Dr. Batlle.
Esta concepción neoliberal, instalada en el gobierno parece haber entrado en una etapa de intensificación con el agravamiento de la crisis económica nacional. Las propuestas norteamericanas en torno al ALCA, aceptadas con entusiasmo por el Presidente de la República, preocupa a los sindicalistas como quedó de manifiesto en numerosas proclamas de las difundidas en el día de ayer.
Según entienden los gremios, la acentuación de la política de apertura, la tendencia al desmantelamiento del Estado y las privatizaciones no harán sino agravar las tendencias estructurales al desempleo, y con ello a la agravación de la calidad de vida de los trabajadores.
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