Nosotros los "aftósicos"

Señor Presidente

Dr. Jorge Batlle

No puedo negarle estimado compatriota, que no entiendo exactamente su sentido del humor. Cuando lo escuché hablar de «un gobierno divertido», jamás me imaginé algo parecido. Nunca pensé (¡le juro!) que usted era un adicto insobornable al «humor negro» y que la «diversión» prometida sería una sucesión de tragicomedias descarnadas y casi deshumanizadas. Claro está, seguramente usted me dirá –como muchos ya lo comentaron– que no es usted precisamente el responsable del virus de la aftosa, ni del plomo en la sangre de los montevideanos, ni de que a Cavallo el Mercosur le importe un carajo y que EEUU nos vuelva a acogotar con el famoso ALCA, que no sé por qué me hace acordar tanto a aquella Alianza para el Progreso que tantos dolores y angustias nos costó a los hijos de América Latina (o «Lapobre», como decía Peloduro).

Tampoco por supuesto podemos decir que es usted el responsable de que con el asunto del contrabando los sufrientes «quileros» de la frontera se estén muriendo de hambre al borde de la desesperción, pero sin embargo, los grandes capitalistas (los «toneleros» del contrabando) simplemente estén con sus dólares a buen recaudo, esperando que pase la tormenta, y ganando intereses en el mercado financiero, mientras los otros, los pequeñísimos «pasadoresparacomerhoyymañanaquiénsabe» ya no saben qué hacer para sobrevivir.

En fin, Sr. Presidente. Por lo visto usted no es responsable de nada de lo que pasa, pero sí es o será responsable en el futuro de haber hecho o no haber hecho lo correcto para que todo ello no siga pasando. Por eso, cuando veo que en La Teja, padres, madres y abuelos de niños con plomo en la sangre están haciendo una huelga de hambre y desde el gobierno no parte ningún gesto de preocupación, cuando me acuerdo cómo los medios de comunicación (los que usted sabe, por supuesto) y legisladores blancos y colorados, así como organizaciones civiles de cuyos nombres (como el Quijote de un lugar en la Mancha) no quiero ni acordarme, se rasgaban las vestiduras por la huelga de hambre de aquellos cubanos «gusanos» llegados al Uruguay como exilados (dicho sea de paso ¿usted sabe qué paso con ellos?) y que hoy ni se preocupan por estos orientales reclamando un justo derecho, cuando veo todo eso Sr. Batlle, le juro que me viene de nuevo como una puntada en la realidad que a veces tengo miedo se me convierta en una hernia en la dignidad, por lo que no puede dejar de gritar cuando me duele.

Y en cuanto a la aftosa, y el famoso «rifle sanitario» yo le juro que –como buen paisano aunque hoy estoy afincado en la ciudad– me crié como miles de uruguayos tomando leche recién ordeñada al pie de vacas aftósicas, he comido infinitas toneladas en estos 56 años de vida que llevo de churrascos y asados de tiernos y no tanto, novillos, toros y bueyes también aftósicos, he comido quesos, mantecas, dulces de leche, todos ellos producidos con leche extraída de vacas aftósicas, y es más, medio mundo después de la guerra se abasteció y sobrevivió gracias a las carnes llegadas desde estos contornos geográficos de animales aftósicos. Entonces pregunto yo, Sr. Presidente, y sáqueme usted de mi ignorancia si es que le erro al bizcochazo: ¿qué ventaja real nos ha dado el ser un país libre de vacunación? ¿Cuántos nuevos mercados hemos ganado? ¿Qué beneficios han recibido los productores y los trabajadores rurales desde 1994 en adelante con la categorización de «país libre de aftosa sin vacunación»? Por lo que sé, desde aquellos años (y desde antes también) el campo sigue endeudado, los pequeños y medianos productores se siguen fundiendo y abandonando sus campos corridos por el hambre y la desesperación, los trabajadores y peones rurales siguen sobreviviendo debajo del límite de pobreza, las muchachas del campo siguen terminando de empleadas domésticas en las ciudades o en muchos casos de putas en los quilombos pueblerinos, los muchachos de milicos, contrabandistas o changadores cuando se puede, y quienes no se resignan a estos destinos, terminan emigrando no se sabe para dónde, pero lo más lejos posible.

Y si no tiene una propuesta concreta para estas preguntas, y si yo y miles como yo seguimos vivitos y coleando como quien dice después de más de medio siglo consumiendo carne, leche, quesos, mantecas, yogures, dulces y todo lo que pueda usted imaginarse de vacas aftósicas, mi pregunta simple y quizás poco técnica es: ¿para qué carajo jodemos tanto con el «status» de no vacunación? Y usted perdone, Sr. Presidente. La verdad que no quise con esta sanata arruinarle su diversión. Pero ¿sabe lo que pasa?: para tipos graciosos como usted, los orientales somos asquerosamente aburridos. Con todo respeto.

Juma

* Periodista

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