Vivir sin padre

Hasta el siglo XVII los hombres estuvieron dominados por la figura paterna en todos los aspectos de su vida; ejercía un tipo de autoridad patriarcal y esto se reflejaba en la autoridad de las figuras institucionales. Gradualmente este tipo de autoridad ha ido desapareciendo. Pero en muchos casos la ciencia jurídica y la psiquiatría (o su doble, la psicología clínica) han ocupado el lugar que dejó el patriarca. Muchos técnicos parecen satisfechos de ejercer este tipo de autoridad. Mezclan la guerra y la paz con la moral, la etología, la religión, la estética y la astronomía, sin olvidar los consejos profesionales.

La moralidad tiene el mismo carácter antiautoritario que la ciencia y no es un accidente que se hayan desarrollado juntas. Ahora bien, la moralidad no pasa por cumplir deberes y sugerencias de una autoridad externa. En efecto, quien decide hacer algo porque lo dice un técnico, no lo integra a su código moral. El técnico puede dar un buen consejo, pero debe aceptarse por las razones que da y no porque es él quien lo da.

Cuando los señores magistrados fallan: «Con el señor fiscal no ha lugar» ¿Cómo se apela eso, si toda sentencia debe tener una estructura silogística? Con «rostro de piedra»…

Un psicólogo puede explicarnos por qué algunos niños tienden a robar y un sociólogo hablarnos de las causas de la desocupación; pero no nos pueden decir qué debería suceder. La ciencia se ocupa de hechos; la moralidad de decisiones acerca de hechos.

Algunos dirán: «El psicoanálisis ha revelado que nunca podemos liberarnos del padre»… Es una objeción muy sutil, se supera haciendo énfasis en la ambigüedad y la imprecisión de lo que se entiende por «conciencia».

Se dice que nuestras dificultades provienen del avance científico. Eso es confundir el matrimonio con el homicidio; lo que sucede es que nuestra inteligencia y nuestra moralidad no están a la misma altura.

Sólo con el surgimiento de la sociedad sin padre se llegó cabalmente a comprender que las prácticas sociales dependen de nosotros y que somos responsables de nuestras instituciones. Lo importante no está en teorizar y moralizar sino en comprometer esfuerzos para aclarar la confusión. La cuestión es ser libre, no cambiar de dueño. La historia de la humanidad es en cierto sentido el cambio de unos sufrimientos por otros… La soledad no era un problema en la Edad Media. ¿No es mejor ser un Sócrates insatisfecho que un burro satisfecho?

La responsabilidad implica saber qué estamos haciendo…

El peligro está en que después de matar al padre, lleguemos a sentirnos desbordados por las responsabilidades y coloquemos al hijo en su lugar.

* Miembro de la Comisión de DDHH del Colegio de Abogados  

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