La carne, ¿infierno o paraíso?
Los infelices cierres de un frigorífico y una curtiembre (empresas independientes, pero el hecho ocurre en el mismo momento) en Florida trascienden lo que productores e industriales definen como «normal» en esta época del año.
Lo explican porque con la llegada del invierno no hay animales preparados para la faena.
En realidad existen otras argumentaciones para explicar este sorpresivo y violento corte de la actividad, algo inusual ya que históricamente se disminuyen las plantillas pero no se cierran empresas.
No estaría de más que se realizaran auditorías para poder asegurarse de que no hay ningún cangrejo bajo la piedra.
Lo cierto es que actualmente son 1.200 los obreros de frigoríficos que están en el seguro de desempleo. Provienen de Florida, Colonia, Tacuarembó y Durazno y para el PITCNT la caída en la faena no justifica que se generen tantos envíos al seguro. Buscando desentrañar cuál puede ser una (sin duda no es la única) de las causas, se puede señalar que parece que la estrategia usada por varias plantas consiste en dejar de faenar, mandar a la gente al seguro de paro (con lo que de paso presionan al gobierno) y presionar a la baja el precio del ganado de manera de lograr mejores ganancias en la venta en el mercado internacional (para cubrirse también suben los precios internos).
Es indudable que el período llamado de poszafra se presenta con menor oferta de ganado pero tampoco está fuera de discusión que en el fondo se trata de una contienda entre productores e industriales por el precio de la hacienda, donde los afectados, naturalmente, son otros.
Los representantes de los obreros de los frigoríficos y de las curtiembres coincidieron en solicitar en el Parlamento que el gobierno suspenda las exportaciones de ganado en pie, un negocio en el cual el productor está exento de impuestos y como resultado de esta movida aumentan los precios internos. Considere el lector que en 2009, solamente en un año duro, con sequía, mortandad y poco nivel de parición, se vendieron al exterior 214 mil cabezas de ganado, lo cual, dicho de otra manera significaría un mes y medio de faena. Para los dirigentes sindicales, en un plato de la balanza están los 1.200 trabajadores en el seguro y sus familias, y en el otro, los beneficios económicos que le reditúa a los ganaderos este tipo de negocios.
Naturalmente que un ex presidente de la Asociación Rural saltó inmediatamente a defender la libre competencia, atacando la regulación.
En realidad la tendencia mundial en todas las áreas de la economía va tendiendo lentamente a la regulación ya que ha quedado demostrado que el verso de la libre competencia y las leyes del mercado nos han conducido a una crisis mundial de la que aún no hemos salido. Este señor agregó inocentemente que no cree en los subsidios. Resulta difícil explicar que exportar sin impuestos no es un subsidio, y más difícil aún exponer razones sensatas para negarle a los trabajadores rurales el derecho a la asociación y a las 8 horas diarias de trabajo. Sin embargo, lo más campante, habla del mercado libre y su rechazo a los subsidios.
Los frigoríficos, con un perfil mucho más de entre bambalinas, no salen a la luz pública, se escudan en el silencio y las cuatro paredes de la Junta de INAC, un reducto al cual el pueblo uruguayo, los trabajadores de la carne, los consumidores que cuando a ellos les va mal les pagamos subsidios ( como en la época de la aftosa), no disponen de la distancia de participar en ese templo de la oligarquía criolla y de la industria hoy por hoy más poderosa que funciona en el país.
Nos consta que el hoy presidente Mujica debió batallar con estas realidades cuando ocupó la cartera de Ganadería, de manera que conoce al monstruo por dentro.
Si el mercado interno continúa siendo uno de los soportes de la política económica, naturalmente que esta situación provocada no va en esa línea.
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