La Madre Patria es una sola: Uruguay
Nadie niega que durante el año 2000, y además continúa en lo que va de este año, se produjo una emigración al extranjero estimada en decenas de miles de Uruguayos.
En esta oportunidad los motivos son económicos y sociales: constituye un factor fundamental que se traduce en la falta de perspectivas para lograr una vida mejor y más digna.
El uruguayo, al sentirse poco valorado en su oficio o en su profesión, termina también por sentir que la seguridad de la fuente laboral, cualquiera sea ella, se puede desvanecer de un día para otro.
Ya no existen oficios o profesión que aseguren fuentes laborales y menos aún oficios como la pintura, la música, la literatura, que muchas veces no son valorados y mucho menos sirven como sustento, aún así no se resignan a no ser valorizados.
No sólo jóvenes emigran, también adultos mayores de 40 años (estos últimos constituyen el 40 % del total) muchos con sus familias. Otros esperan ahorrar dinero primero para luego volver aquí a buscarlas.
Familias enteras han quemado las naves, vendieron todo lo que acumularon en la vida con mucho esfuerzo, en un trabajo honesto, y a pesar de ello con mucho dolor tuvieron que irse.
Se generó además, y continúa, una especie de reacción en cadena como una contagiosa tendencia migratoria. Curioso fenómeno iniciado a dos meses de comenzar su gestión el nuevo gobierno el 1º de marzo de 2000, posiblemente al recibir la gente claras señales de que no habría posibilidades algunas a corto y mediano plazo de reactivación productiva ni empleo.
Por lo que mucha gente no aguantó más y decidió irse.
La emigración genera una doble pérdida social.
Se va: mano de obra activa y capacitada (que el país formó) que además son activos que aportan al BPS y una fuerza social rebelde que no se resigna a derrotarse ni a que la derroten, que si se quedara, golpearía en la mesa y se movilizaría para cambiar aquello que hoy los obliga a emigrar.
El desaliento que se genera en aquellos que se quedan, muchas veces hace que se sientan resignados a su suerte, configurando una imagen social de «exitosos» a los que se van y de frustración a los que permanecen en el país.
¿Pero cuántos más se irían del país si tuvieran los medios económicos para hacerlo?
Unos y otros aman el Uruguay.
Unos y otros son gotas únicas e irreproducibles que conforman el rumor del Río de los Pájaros, Uruguay.
¿Qué hicimos para retener a nuestros hermanos?
El Ministerio del Interior emitió cada vez con más celeridad los pasaportes
El gobierno uruguayo no ha emitido opinión alguna sobre algo que golpea nuestras consciencias.
Este fenómeno de la globalización arrasa con las identidades de las personas y de las naciones. De ciudadanos pasamos a ser consumidores o mano de obra barata en EEUU, España o donde sea.
¿La corriente hacia dónde va? Estos países que atraen necesitan muchas veces la mano de obra para tareas que sus propios ciudadanos no las quieren realizar.
Sabemos nosotros la discriminación de la que son objeto los inmigrantes sudamericanos en esos países. Sin embargo el fenómeno migratorio es producto del desigual nivel de vida entre los países:
Un día llegaron a nuestras tierras los españoles, los portugueses, los ingleses y empezaron a llevarse cientos de toneladas de nuestro oro y nuestra plata, nuestra auténtica raza nativa y nuestra paz. ¿? ¿? Cualquiera sea la respuesta seguimos esperando la devolución.
A mediados del siglo XVIII se inició una importante inmigración europea que tuvo otro empuje a mediados del siglo XX debido a la guerra Civil Española, y siempre hallaron esos brazos fraternos en una nueva tierra.
Qué curioso, hoy nuestros hermanos uruguayos en España que buscan quizás lo que España a sus hijos no les dio en su momento, se hallan aterrados ante la posibilidad de ser deportados frente a la recientemente aprobada Ley de Extranjería.
Esta ley no sólo prevé la expulsión hasta en 48 horas de los que no tengan permiso de trabajo, sino también fuertes sanciones económicas a aquellos empleadores que toman personal en situación irregular.
Producto de dicha ley muchos uruguayos que quieren radicarse en ese país, que son más de 2.000, viven prácticamente con temor en sus domicilios actuales y muchos optaron por protegerse encerrándose en lugares públicos como en la Capilla San Ambrosio de Madrid.
El artículo 30 de esa ley contempla la consideración especial para los ciudadanos provenientes de países que tienen buena relación con España.
Los abrazos de por sí son solidarios, o deberían serlo.
Se conoce que el Ministerio de Defensa Español pretende reclutar a jóvenes uruguayos y argentinos por él termino de 18 meses y así luego obtener la residencia, pudiendo ser enviados, claro está, a misiones en lugares distantes. ¿Cómo carne de cañón? Bastante tenemos que soportar la emigración de nuestros jóvenes, como para que además tengan ellos que buscar salidas laborales alternativas cono éstas, y no tengan opción.
Uruguay es solidario y nunca dejará de serlo, pero debe exigir, a través de nuestros organismos oficiales y de nuestros gobernantes el respeto a la dignidad humana de nuestros ciudadanos en el extranjero cualquiera sea el país donde estén.
Lamentablemente la historia y el tiempo demuestran que no es verdad todo lo que se ha dicho hasta ahora:
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