La Iglesia y los presos políticos

El hecho de usar sotana no hace la santidad y la perfección. El cura es un hombre común y corriente con defectos y virtudes como cualquier mortal. Cierto es que ha estudiado una carrera eclesiástica que lo ata u obliga a definidas conductas de perfección religiosa determinada. La católica en el caso que nos ocupa. Y por supuesto, entre miles de sacerdotes, humanos al fin, están los fallidos y hasta los que se corrompen. Y eso pasa en cualquier religión. Sin embargo, la Iglesia romana es sin reparos la más perseguida hoy por la crítica, ante la falta o pecado, desde el mayor hasta la más pequeña claudicación humana. Chico o enorme se le marca a fuego como si en otras creencias o credos no se concibieran los similares pecados. Pero de lo que sí se olvidan es de señalar la infinidad de aciertos, beneficios, protección y cultura a jóvenes y niños como a los más débiles necesitados, y sobre todo la atención filosófica del alma humana particularmente al llevar el consuelo del mensaje de Cristo en la hora de la muerte y su salvación. Hay otras infinidades de logros que van desde la defensa de la familia estructurada básica, en el mandamiento del Estado bien y sólidamente constituido de cualquier país hasta los valores de los derechos humanos, defendidos por la Iglesia. Hoy, tenemos un ejemplo más en las gravitantes gestiones que lleva el Vaticano por intermedio del cardenal Ortega, obvio es suponer el actual papa Ratzinger, de origen alemán, tan criticado como su propia Iglesia, en la liberación de los presos de opinión o políticos de Cuba. Ha sido la «llave» que abre una puerta marxista hermética y no es la primera vez, del régimen castrista, caracterizado por su dureza. Por supuesto, los comentarios que nos llegan son llamativamente «someros» comparados con los escándalos que se han producido cuando sus enemigos critican la Iglesia de Cristo. Recalcan las gestiones del canciller español Moratinos, que vino después y es sólo un funcionario que ejercerá el traslado de las víctimas a España. Pero, los «entremeses» y delicadas gestiones diplomáticas entre Raúl Castro y supongo que también Fidel han sido entre el Vaticano y Ortega, cardenal con sus prelados cubanos que han defendido la vida de los presos políticos. Años de paciente relación con un sistema político al que no le he «entrado» para el caso los poderes económicos, políticos ni militares de los imperios ya sea el propio yankee y asociados de Wall Street, como de los europeos que no son mejores, por cierto. Nadie entro por décadas de vida que tiene el régimen, incluyendo Bahía de Cochinos a sangre y fuego. Sólo la Iglesia católica dos veces y en escaso tiempo. La primera fue la visita de su santidad Juan Pablo II. Un viejito, «tocado» de blanco con un callo y un crucifijo al «tope» fue agasajado bajo palio por el pueblo cubano masivamente en la Plaza de la Revolución. Les leyó la «cartilla» a los callos yankee que los tenía enfrente, Miami, y a Fidel a su derecha, que se mantuvo significativamente «callado». Terminada la visita, se retiró con su bendición para el pueblo cubano que lo aclamaba. Puede hasta pensarse que pudo ser un incipiente preámbulo de apertura futura. Ahora, no con Fidel a la vista, pero sí con Raúl Castro, la Iglesia salva la vida de los primeros once y según trascendidos lo lograría para los setenta y cinco restantes graves prisioneros. O sea, la Iglesia ante los pertinaces ataques, en silencio y discreción responde además con las universidades, leprosarios, hospitales, cotolengos de ancianos, escuelas y colegios desparramados por el mundo, sanatorios, centros de investigaciones científicas, con una política de cultivo de la paz y piedad por el «ser» humano ignorando las propagandas, por cierto sutiles, que van desde los «culebrones» policiales «enlatados» provenientes en su mayoría del imperio y asociados en el oído al cristiano. Cuando se «mata» a un villano o asesino las cámaras le enfocan el pescuezo con la «cadenita» y el crucifijo colgado demostrando que es católico, o las publicaciones que después se filman sobre la reivindicación que según trascendidos periodísticos se estaría haciendo históricamente de Judas Iscariote (¿se acuerdan de aquel personaje de las 30 monedas? Y no me sorprendería que Hollywood le hiciera otra similar a Barrabás). No da el espacio periodístico para señalar las infamias contra la Iglesia. La Iglesia, en cambio, responde no con guerras y amenazas atómicas e invasiones con cientos de miles de soldados con sofisticados armamentos para quedarse con riquezas que no les pertenecen como territorios feraces, oro, plata, petróleo y demás beneficios de naciones por lejos que estén. Sí con piedad, ayuda humanitaria, sin publicidad periodística en reuniones de diplomáticos sonrientes que jamás llevan a fines equilibrados y justos para los países carenciados, con la finalidad del bien y la justicia social. Lo que acaba de pasar en Cuba y las aperturas que se concretarían, aparentes en el horizonte, es una conquista en el «haber» del Vaticano. Cuba y los Castro es a lo que han dejado desembarcar en Bahía de Cochinos. ¡No con una flota de guerra con submarinos atómicos, acorazados y portaaviones y demás flotas asociadas, sino ¡con un humilde y sencilla cruz

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