Integración: política errante y trashumante
El Mercosur en los últimos tiempos está pasando por importantes dificultades, las motivaciones son varias, entre ellas las diferencias abismales entre las economías de la región.
Brasil, en enero de 1999, produjo un fuerte impacto en la región, cuando devaluó el real y desestabilizó a los otros países que exportaban su producción. Uruguay lo hacía en casi un 50%, volviendo poco competitivo a los productos nacionales. Luego Argentina, hace pocas semanas, ante la crisis y recesión desestabilizante, optó por tomar medidas económicas que produjeron un nuevo fuerte impacto y una gran preocupación, situación que llevó a convalidar en forma coercitiva las medidas económicas (aranceles) resueltas por el nuevo ministro de Economía y Finanzas, Dr. Domingo Cavallo.
Mientras tanto en nuestro Uruguay los vaivenes periódicos de nuestro Presidente de la República nos confunden, en el sentido de visualizar con precisión cuáles son los verdaderos objetivos del Poder Ejecutivo.
Desde hace 10 años Uruguay ha transitado con una meta precisa y clara, con referencia a priorizar la consolidación del Mercosur, insistiendo en la necesidad de que se consolide, lo más rápidamente posible, la «unión aduanera», para así poder dejar en el pasado la «zona de libre comercio». Los gobiernos anteriores, con mayor o menor energía, apostaron a consolidar dicha estrategia.
El Dr. Jorge Batlle, con su característica tan peculiar, transita por el camino propio, individual e inconsulto, es decir desconoce peligrosamente que el Uruguay durante mucho tiempo ha tenido una política de Estado, conformada con la opinión de todos los sectores sociales y políticos. El Frente Amplio, en su momento, votó el Tratado de Asunción en forma crítica. Es necesario que los dirigentes de los partidos tradicionales realicen las consultas correspondientes para permitir al país presentarse en los organismos internacionales, con una sola posición, más allá de los matices.
Todos sabemos de las carencias e insuficiencias en el funcionamiento del Mercosur. No obstante es imprescindible consolidar el bloque para estar en mejores condiciones de negociación con otros grupos de países, como la Comunidad Andina de Naciones, el Nafta, integrado por EEUU, Canadá y México, la Unión Europea o el futuro ALCA.
El Mercosur necesita la urgente constitución de un Tribunal Arbitral, que laude sobre las controversias periódicas que surgen en las negociaciones comerciales entre los países del bloque y donde los más perjudicados, por ausencia de ese mecanismo, son los socios pequeños.
Brasil tendrá que acceder a este justo planteo. Por otra parte los tribunales existen en otros mercados comunes. Es notorio que aún persiste una gran ausencia de políticas sociales comunes, que aseguren la participación de los ciudadanos y abran caminos hacia la real integración de las sociedades. El Foro Consultivo Económico y Social, integrado por trabajadores y empresarios, ha logrado interesantes objetivos, pero no son suficientes.
Con la nueva política internacional del Poder Ejecutivo uruguayo, se está perdiendo el papel de unificador –fiel de la balanza– que nos caracterizó desde la fundación. Ello es responsabilidad directa de esta política errante, que hoy propicia la integración regional, más tarde el ALCA y mañana un acuerdo bilateral con EEUU, y si es posible con Canadá. Sin duda el Dr. Jorge Batlle a perdido la noción de lo que representan las dimensiones entre países.
Los riesgos de la estrategia internacional trashumante son infinitos, más aún cuando el posible socio (EEUU) no emite ni una tenue señal, ni para propiciar el acuerdo bilateral, ni para expresar que está dispuesto a resignar la protección y los subsidios a sus productos, como por ejemplo el agrícola.
Por último, es bueno recordar que el ex presidente Clinton no logró el fast track (vía rápida) del Congreso para poner en marcha el ALCA. El nuevo presidente George Bush tampoco ha conseguido del Congreso de EEUU autorización. En consecuencia, el embate, sincero o no, para constituir el ALCA puede quedar en una actitud voluntarista del jerarca del Poder Ejecutivo estadounidense.
Pero aquí, en Uruguay, en América Latina y el Caribe, los gobernantes quieren ser «más realistas que el rey».
* Dirigente del Fidel,EP-FA
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