Levantar la bandera de Uruguay: ¡Siempre!

Luego de obtenida la clasificación por nuestro seleccionado nacional para participar en el Mundial de Fútbol a realizarse en Sudáfrica, afirmábamos que al Mundial lo deberíamos jugar todas y todos (cfr. Diario LA REPUBLICA, 08.12.09, pág. 11)

Un Mundial trasciende lo estrictamente futbolístico, considerábamos que esta participación en Ciudad del Cabo, Pretoria, Rustenburgo y Johannesburgo era una gran carta de presentación del Uruguay y su gente.

No fuimos los únicos en expresarlo y sentirlo así, hoy se puede hablar no sólo de éxitos deportivos, sino también de la constatación de esfuerzos públicos y privados para que la delegación celeste fuera una verdadera embajadora del país.

Varios hechos conocidos ampliamente gracias a los medios de comunicación, también lo realizado por el MRREE, por el Mintur, por la propia Presidencia de la República y un apoyo de los integrantes del gabinete ministerial no visto antes.

Desde el ámbito privado, comenzando por la organización de la propia AUF, preocupada en cubrir hasta los mínimos detalles, hasta aquellas empresas, las que aún reconociendo su interés comercial han dado una difusión muy grande al evento y a quienes representan a nuestro país.

El encuentro de estas distintas motivaciones tiene un resultado común: se percibe en nuestra gente un espíritu de alegría, de fervor, de mística, de sentido de pertenencia, de querer lo nuestro, una seña de identidad.

Que quede claro que no decimos que haya un nuevo sentir nacional, eso se lo dejo a los expertos, quienes además agregarán cuáles son los nacionalismos buenos y cuáles los malos.

Pero quiero citar algunos ejemplos. Frente a nuestra casa, el Bar el Clavel (Pueblo Victoria) tiene tres banderas de Uruguay, una de ellas bordada, preciosa, de las de antes, diría yo.

Juan, propietario del bar, me contaba que otro vecino se la llevó y le pidió que la colgara allí en la ventana para que luciera y contagiara no sólo a los vecinos sino también a quienes pasan en las cuatro líneas de ómnibus que van y vienen por la calle Conciliación.

¿Cuántos comercios y empresas hicieron algo similar? Miles. ¿Cuántos vecinos habrán tenido otros gestos de adhesión que no conocemos?

Es también emocionante ver jóvenes, pues la mayoría lo son, con los rostros pintados, con pelucas celestes, sombreros, cornetas (nosotros también las tenemos) y cualquier instrumento de percusión que sirva para alentar…

Chicos y chicas con remeras celestes; acá viene lo destacable, con banderas uruguayas, las que se han agotado una y otra vez, las que también vemos desde el vehículo más humilde al más costoso; también la alegría se percibe en las redes sociales con mensajes muy ingeniosos.

Creo que esto es muy bueno, más cuando se tiene que salir a alejar la violencia en el deporte, cuando cercanamente hubo malos festejos, promover este sano disfrute está muy bien. Y ha estado bien que los festejos que hayan sido en todo el país y en aquellos rincones del mundo donde hay uruguayos, ni que hablar de los que tienen la suerte de estar alentando en la propia sede del Mundial.

Es una reafirmación más de que estas adhesiones o apoyos populares no se logran a la fuerza o por decreto; aquí hay un incentivo y es el triunfo, no podemos negarlo, pero hay una forma de festejar que es la que debemos potenciar y este buen uso de nuestros símbolos patrios también, una vez terminado el Mundial.

Levantemos y llevemos nuestra bandera siempre, las fiestas nacionales pueden ser una buena ocasión para recuperar así una tradición que hicieron perder quienes imponían todo a la fuerza.

Levantemos la bandera al recibir cada vez de mejor forma a quienes visitan nuestro país a lo largo y ancho del territorio, levantemos la bandera defendiendo la producción y el consumo de productos nacionales.

Levantemos la bandera cuando representemos a nuestro país, hoy es el fútbol, ayer fue la arquitectura, la medicina, la música, el cine, el tango, el candombe, la murga, la militancia sindical, la resistencia a la dictadura…

Levantar la bandera será ser cada día más solidarios, como quiere el Maestro para la selección, jugando para todos y no para los intereses personales o corporativos.

Han pasado más de dos horas del último partido y las bocinas siguen sonando, no contaminan, generan alegría, la misma que deberá haber en las mañanas y en las tardes que no nos sean tan favorables…porque a la bandera de Uruguay hay que levantarla siempre…

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