Al maestro con cariño

Maestro, no pierda nunca su esencia, tan apartada de los «flashes» y la farándula, tan telúricamente uruguaya, tan sensiblemente nuestra , de bajo perfil y discreción. No cometa el error de juzgar al vecino y no ver con sus propios ojos los defectos de su propia táctica y estrategia. Defienda siempre la alegría de jugar, por encima de pizarrones y «catenaccios», de agoreros y analistas imberbes e insignes cónsules del «establishment» futbolístico mundial.

Defienda la alegría de este fútbol de fiesta por nuestros niños, los mismos que acuñó en su corazón y alma de docente…Los pequeñitos de la ilusión, de caritas pintadas, saltimbanquis de la felicidad, gorriones de libertad y de futuro que vibran con la nueva saeta rubia y sus vertiginosas apariciones y estocadas, nuestro Diego Forlán. Apueste siempre a la candidez y solvencia del «Nene» Muslera, en el pórtico, fiel discípulo del «Chiquito» Mazurkiewiez, a la presencia y garra de un «patrón» celeste, de un Nazazzi del siglo XXI, de aquel Lugano de sonrisa franca y estirpe de campeón…

Felicite en el nombre del ciudadano de a pie a los fogoneros de una media cancha a la manera de aquel sempiterno «centrojás» con el cinco en su espalda y los siete pulmones y corazones propios de un «Ruso» Pérez o de un «Cacha» Arévalo Ríos. Y extienda este imaginario recorrido de virtuosismos y destrezas hacia todos y cada uno de los muchachos que tan bien nos representan en la tierra de Nelson Mandela.

Agradezca y retribuya siempre el cariño de los hermanos sudafricanos hacia nuestra delegación en Kimberley y en toda su extensión territorial, hoy como capital planetaria del rey de los deportes. Salude con una sonrisa amable y abrace el multicolor despliegue de una raza que tan generosamente puebla sus estadios, con el estruendo de sus «vuvuzelas», enemigas por cierto juradas de la cultura «light» capitalista y excluidas de su inventario de chatarras e imbecilidades.

Descubra, como lo hace en cada conferencia de prensa, el libro de nuestra modesta, amable y republicana estirpe. Nunca más y nunca menos que el rival de turno. No olvide tampoco que el fútbol no nos hará mejores o peores que nadie en el mundo y que bajo los himnos nacionales y los símbolos patrios habrá en el futuro otras y nuevas conquistas sociales, culturales y deportivas que festejar. Esa patria, pequeña, solidaria e inimaginablemente pendiente de sus palabras, gestos y actitudes le agradece su entrega y corazón de hombre sensible a la tradición uruguaya del balompié.

Las viejas dianas de los olímpicos, de los botines de Ghiggia, el silencio de Maracaná, la humildad y genialidad de un capitán, Obdulio, arengando con un «cumplido sólo si ganamos» lo están llamando a usted y a sus muchachos.

Es hora de gloria y esperanza para una sociedad emparentada con el más popular de los deportes. De un colectivo social casado, divorciado y reconciliado con la «globa» de la ilusión, que vuelve a transformar los cafés y los boliches de barrio, en racimos de ansiedad y júbilo.

Maestro, con lo realizado hasta hoy en Sudáfrica y durante las sacrificadas eliminatorias, dejamos de ser aquel país gris del empate, rompimos para siempre con la mediocridad. Nos sentimos orgullosos con la actitud y la entrega de nuestros esforzados atletas, quienes dotados de comodidad y un buen pasar, luchan con pasión por la alegría de un pueblo.

La solidaridad es la consigna de ese colectivo que avanza por un itinerario impregnado de nuevos desafíos, eventuales triunfos y adversidades.

Así también y del mismo modo debiera suceder en el cotidiano de cada mujer y hombre de este rincón del mundo.

Solo se construye un proyecto de vida con paciente trabajo, solidaridad y humildad.

Esa misma solidaridad, sacrificio y desprendimiento en un juego como el fútbol , invocamos y reclamamos de gobernantes y gobernados para hacer del Uruguay un país más justo, con mejor educación y oportunidades. En esa tarea también todos debemos sentirnos más celestes que nunca.

Gracias, maestro Oscar Washington Tabárez por esta lección de vida desde el aula hacia el alma de cada uruguayo.

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