"Educación, educación, educación"

Días pasados, a raíz de un encuentro casual con el periodista Daniel Gianelli, comentamos su último artículo en «Búsqueda». Por asociación de ideas (al parecer, si bien su duración es más corta, las conversaciones en un viaje de ómnibus pueden ser tan interesantes como las charlas de avión), vino a colación el documento «Bases para una ley de Educación», elaborado durante la primera Presidencia de Sanguinetti por un grupo de trabajo presidido por la ministra Adela Reta e integrado por el profesor Traversoni y quien escribe estas líneas. No resisto la tentación de evocar la profundidad y claridad con las cuales, a lo largo de agotadoras sesiones, Adela fue desgranando por etapas un denso organigrama que ordenó la reflexión. Fue una experiencia enriquecedora. Las «Bases» no lograron los respaldos políticos necesarios, y de arranque algunos alegaron la inconstitucionalidad del propio acto de elaboración del documento por parte del Ministerio.

 

De todos modos, vistos retrospectivamente, en diversos aspectos se registraron (particularmente durante la gestión de Rama), significativos progresos: las escuelas de tiempo completo en barrios carenciados, la universalización por etapas de la enseñanza inicial, el inglés, centros de formación docente en el Interior para Secundaria, algunos avances en educación permanente y a distancia, etc. Pero aspectos cruciales para mejorar el nivel educativo, siguen sin resolverse desde entonces a pesar de que han transcurrido más de dos décadas.

 

No se avanza en el complejo tema de la idoneidad del docente. Sin docentes adecuados no debe esperarse una mejoría del nivel educativo. Al cumplirse un año de la elección que lo llevó a la Presidencia, Obama resolvió pronunciar el discurso conmemorativo desde un liceo de Madison, capital de Wisconsin. En una parte de su alocución, dedicada íntegramente a la educación pública, abordó lo que entendía como esencial, o sea la calidad del docente. Expresó que «no habrá excusas para la mediocridad», para agregar que deberían aumentarse los salarios de los docentes más capacitados y despedir a quienes estuvieran por debajo de un standard mínimo. Reitero, lo dijo Obama.

 

En la gestión del docente inciden, por un lado su personalidad, o sea la calidad humana, conocimientos, capacidad pedagógica y dedicación, y por otro lado una serie de factores objetivos que no dependen de él. Me refiero al hogar de donde provienen los educandos, el clima de violencia que impera en algunos centros de enseñanza (especialmente en Secundaria) y una progresiva renuencia de las autoridades educativas para empeñarse a fondo en imponer un nivel decoroso de disciplina y respeto ejerciendo su legítima autoridad. Como si dicho ejercicio fuera pernicioso.

 

Por tanto, hay factores que condicionan la calidad educativa y que no son responsabilidad del docente, pero lo esencial, en cambio, depende de él, y requiere una evaluación objetiva por parte de organismos sujetos a criterios técnicos modernos, e integrados por educacionistas calificados e inmunes a influencias, sean políticas, corporativas, o de cualquier otro orden. Si esto pudiera llevarse a la práctica, se habría dado un gran paso en la dirección correcta.

 

Por lo general, la discusión del tema educativo se centra en las mejoras salariales. Es de justicia que maestros y profesores reciban mejores remuneraciones. Pero el salario insuficiente del docente, problema crónico aquí y en todas partes, no es el tema central de la calidad de la enseñanza. ¿Acaso las mejoras salariales de los últimos años mejoraron el nivel educativo? Sin perjuicio, insisto, que maestros y profesores deben ganar más. En términos más generales, como escribiera Jorge Grunberg, «la recepción de recursos públicos y la autonomía para su utilización, deben tener como contrapartida la rendición de cuentas, en especial en cuanto al grado de cumplimiento de las metas fijadas».

 

Finalmente, no pueden soslayarse los niveles de corporativismo (sindicatos docentes que cada vez quieren más poder en la dirección integral de la enseñanza, no sólo en los aspectos educacionales, dicho sea de paso, José Pedro Varela no fue docente) y politización en beneficio del Frente Amplio, especialmente por parte de docentes (no todos, pero no son pocos), lo cual afecta seriamente el nivel de la enseñanza. Como argumento se invoca la libertad de cátedra en virtud de la cual el docente tiene derecho a transmitir en clase su visión de la sociedad como base de discusión. ¿A niños de 13, 14, o 15 años? Hmmm…..no me parece.

 

Todo ello demuestra la complejidad del problema educativo. Sin embargo, la coyuntura política es propicia porque, atendiendo a la convocatoria del Presidente de la República, los partidos de la oposición están dispuestos a compartir las responsabilidades y costos políticos inevitables que derivarán de un enfoque integral y serio del tema.

 

La educación es el desafío más importante. No quiere decir que una mejor calidad garantice una solución de los grandes problemas de nuestra sociedad, pero sí quiere decir que si no se consigue esta mejor calidad, no se van a solucionar. No es casualidad que haya cruzado fronteras el aforismo de Mujica, «educación, educación, educación».

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