Los siete errores fundamentales del FA

Cuando la lucha de un hombre comienza dentro de sí, ese hombre vale algo.Robert Browning

La frase de Robert Browning también es válida para una colectividad política.

1. Uno de los errores fundamentales del Frente Amplio ha sido históricamente la incapacidad de aceptar críticas de sus propios militantes. Mujica comienza bien su liderazgo nacional al invitarnos a ejercer nuestro derecho a señalar en qué nos estamos equivocando. Este primer error del Frente queda pues (y espero que para siempre) sepultado en el pasado.

El voto en blanco de las departamentales se convirtió en un grito que ha sacudido nuestra mente adormecida por los últimos triunfos y nos obliga a una reflexión cruda, sin pelos en la lengua.

2. El segundo error fundamental del Frente Amplio ha sido el de no contemplar espacios para los frenteamplistas independientes, los que, creer o reventar, conforman la mayor fuerza política de la coalición. Hubo un tiempo (cuando Astori era uno) en que el militante independiente era reconocido por la organización política. No pertenecía ni al Partido Socialista, ni a la Vertiente Artiguista, ni al MPP, ni a sector alguno. Era frenteamplista y punto, lo que explica que en cierto momento las mayorías electorales estuvieran con Democracia Avanzada (gracias a Germán Araújo), luego con el PGP (gracias a Hugo Batalla), después con el Partido Socialista (gracias a Tabaré), hoy con el MPP (gracias a Mujica), etc. El independiente es el orejano del Frente, milita, y a veces lo hacen en esta condición ciudadanos reconocidos a nivel nacional o internacional, moviendo millares de voluntades.

Lamentablemente, muchos se sienten hoy decepcionados al ver que los cargos estratégicos se reparten por cuota electoral y hasta colorados y blancos son preferidos antes que un frenteamplista sin marca de grupo.

3. El tercer error que llevó a muchos frenteamplistas a quedarse en la casa o votar en blanco (su lealtad, principios y coherencia les impidió dar su voto a los partidos tradicionales), fue la política exterior de los últimos años, en la que Uruguay no logró posicionarse en el tablero latinoamericano como un país de izquierda, sino que optó por una neutralidad insípida ante la cual países como Ecuador, Bolivia y Venezuela quedaron silenciosamente desencantados, convencidos de que no contarían con nosotros en situaciones dramáticas, como cuando Colombia bombardeó territorio ecuatoriano. Seamos francos: no hemos tenido una actitud latinoamericanista. Esto no es achacable a José Mujica, porque recién asume, por el contrario, le toca a él (y creo que lo está haciendo) enmendar este error.

4. Nuestra deuda pendiente con una revolución educativa sigue sin saldarse. Se ha hecho mucho, sobre todo a nivel económico y administrativo, pero estamos lejos de lo que realmente necesitamos para progresar como nación. El divorcio entre la preparación ofrecida en Secundaria y las necesidades empresariales y competencias laborales continúa preocupando y no vemos un intento de modificar los programas educativos a fondo.

5. La maldita costumbre de la izquierda de temerle a las internas y la opinión de los verdaderos artífices de nuestros triunfos electorales, que son los frenteamplistas de base. Hay quienes siguen creyendo que lo mejor para todos es que las decisiones se tomen entre cuatro paredes sin que la militancia haga otra cosa que no sea acatar, palabra esta que para un frenteamplista es un reverendo insulto.

6. El Frente Amplio pierde votos porque sigue fallando en la guerra de información, cosa que ya hemos criticado en otras ocasiones y continuaremos criticando. Estamos en una guerra de información, pero el Frente sigue creyendo ingenuamente que una buena gestión no necesita respaldarse con una buena publicidad, que no es necesario estar desmintiendo informaciones falsas todos los días como lo hacen Evo Morales, Hugo Chávez y Rafael Correa. La derecha agradecida.

7. La presencia o advenimiento de políticos profesionales, peligro del que nadie habla, es algo real. Hay políticos que ven el servicio público como un negocio. «Desde los 16 años estoy en este negocio», llegó a confesar impúdicamente el ex vicepresidente Luis Hierro López. Cuando hace unos años la victoria del Frente se veía como inevitable, muchos fueron los que decidieron integrarse al mismo buscando un puesto. Habrá que distinguir quienes están donde están por su compenetración con el ideario frenteamplista y vocación de servicio y quienes porque toman la política como un negocio.

Bien por Mujica, que promueve la crítica interna. Estamos a tiempo de corregir estos males y espero que tras la discusión se tomen medidas concretas para ser lo que debemos ser. Corremos el peligro de aburguesarnos, corremos el peligro de convertirnos en una concertación chilena o incluso en algo parecido al Partido Socialista Obrero Español, que de socialista y obrero apenas conserva el nombre.

Reitero que con Tabaré y Mujica hemos tenido los mejores y más honestos gobiernos de la historia, pero estos son, a mi modesto entender, los siete errores fundamentales del Frente Amplio.

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