El Uruguay en buena hora
Mientras el valor del dólar subía luego de los anuncios del equipo económico, por la tarde en el Palacio Legislativo los jefes de todos los partidos políticos, junto al Presidente de la República, acordaban su participación en el Estado, dando una señal de que en el país puede haber una nueva época.
De esta forma Uruguay, uno de los cinco países que mejor están sorteando la crisis mundial, lanzaba señales a los cuatro vientos de que el Sur también existe y que en la aldea en la perspectiva global, porque somos una aldea, se pueden abrir caminos de entendimiento para que nuestra sociedad siga avanzando y construyendo un futuro cada vez mejor.
Por cierto que la apuesta es muy grande, porque si estos acuerdos llegan a fracasar, la ciudadanía le va a cobrar por igual a todo el sistema político su fracaso. Y este peligro sólo puede ser aventado si el sistema político se planta ante la realidad nacional y el mundo con una visión estratégica de país, dejando de lado las miradas menores que sólo piensan en las próximas elecciones nacionales.
Si el mérito de Mujica es haber sabido crear las condiciones para este entendimiento nacional que no sólo llega en ancas del reparto de cargos sino también en acuerdos sobre cuatro o cinco visiones estratégicas, no podemos caer en la ingenuidad de que en Uruguay se terminó el debate ideológico y la confrontación de programas.
Por suerte para la democracia las diferencias van a seguir existiendo, los debates se van a profundizar si es necesario, pero siempre con la idea fundamental de que en el sistema político no puede haber rupturas profundas, provocadas por la estrechez de los intereses partidarios o sectoriales.
De aquí en más es de esperar no sólo entendimientos sobre temas vertebrales, pero que seguramente tendrán como telón de fondo la necesidad de que la prioridad es lograr el más alto desarrollo productivo, con la permanente intención de que los más infelices sean los más atendidos, para poder lograr la equidad social y una mejor redistribución de la riqueza.
Todos en Uruguay sabemos que política e ideológicamente existen diferencias sustanciales entre los distintos actores. El tema será, una vez más, lograr que las diferencias se resuelvan en un clima de paz y de permanente negociación, porque las diferencias no deben provocar situaciones de crisis y de alteración de la vida cotidiana.
Por eso cada conflicto, cada enfrentamiento provocado por los intereses de clase, debe ser administrado con altura por los actores políticos, que son siempre los que terminan definiendo.
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