Los intereses del país, los trabajadores y los empresarios

Con respecto al artículo:»Los trabajadores no coinciden con los intereses generales» del Sr. Mauricio Zieleniec del día 19/05/10 en LA REPUBLICA, quiero plantear lo siguiente.

 

1. Durante el año 2008 trabajaron en el país un poco más de un millón y medio de personas, de las cuales 834.000 como asalariados del sector privado y 225.000 como asalariados del sector público (Ver Quantum No.2/2009, p.32 a 47

 

2. El PIT­CNT agrupa a todas las organizaciones sindicales de trabajadores asalariados. Con datos del Instituto Nacional de Estadística, Arim y Salas estimaron que en 2006 había 180.000 afiliados a sindicatos y según registros del PIT­CNT, habrían llegado a 320.000 a principios de 2010.

 

3. La multiplicación del número de organizaciones sindicales de base y de afiliados fue posible con el cambio político, que estimuló el desarrollo de las organizaciones con la convocatoria a los Consejos de Salarios y protegió a los trabajadores de la persecución antisindical con la Ley 17.940 de 22/12/05.

 

4. En el Uruguay, el principal medio de legitimación de las instituciones son las elecciones con voto secreto. Con relación a las organizaciones sindicales y empresariales tenemos un solo indicador claro, la convocatoria a elegir representantes en el BPS. Los trabajadores asalariados presentaron una sola lista, la del PIT­CNT; ninguna organización se atrevió a poner en duda su representatividad.

 

5. En las organizaciones empresariales la situación fue distinta. Se presentaron tres listas y la que tenía el apoyo de las Cámaras de Industria y de Comercio fue derrotada. En el trabajo citado de Arim y Salas, se estima que sólo el 7,1% de los patrones está afiliado a una cámara empresarial.

 

6. El gobierno convocó a las organizaciones de trabajadores y de empresarios a un «compromiso nacional». Las patronales se retiraron en octubre de 2007. Sin embargo el nivel de actividad económica, la inversión, el empleo y los depósitos bancarios de residentes en el país, en bancos del país y del exterior, siguieron creciendo. Son señales claras de que hubo una alta rentabilidad y una aceptación de las reglas de juego por parte de las empresas.

 

7. La convocatoria a un «compromiso nacional» trató de compatibilizar intereses contradictorios de las organizaciones de trabajadores y empresarios en torno a un proyecto estratégico nacional, un acuerdo de amplia base social y de largo plazo. No tuvo éxito y cabe preguntarse si existen empresarios con interés en participar de un proyecto nacional y, en caso afirmativo, si los representan las gremiales convocadas. Se podría reconsiderar la elección de los interlocutores, someterlos a una prueba de legitimidad a través de elecciones, diseñar una propuesta que defina el contenido del compromiso y crear ámbitos de participación para los sectores populares no asalariados.

 

8. La importancia de los trabajadores no asalariados y de las Pymes es el fundamento para señalar la necesidad de un sistema de participación social que complemente el tripartismo, promoviendo la incorporación de los nuevos actores, reconociendo la complejidad de la sociedad contemporánea y generando escenarios para el multipartismo. De las 114.551 empresas que relevó el INE en 2008, 95.142 tienen menos de 5 trabajadores y 95.142, entre 5 y 19. Además hay 28.900 trabajadores por cuenta propia con local (profesores particulares, modistas, etc.) y 62.000 sin local (vendedores ambulantes, cuidadores de autos, etc).

 

9. Finalmente, es imprescindible implementar actividades dirigidas a aumentar la inclusión social, política y cultural, para que este grupo social se organice y tenga expresión. Requiere un abordaje interrelacionado en una estrategia de políticas de vivienda, educación y empleo, con la participación de los excluidos que articule diversas instituciones y políticas sectoriales, así como un programa con metas de inclusión, explicitación de instrumentos, diseño de medidas y asignación de recursos. Se define una trayectoria, se fijan metas intermedias que permiten evaluar los resultados y se establece un horizonte (¿10, 20, 50 años?) en el cual se aspira a alcanzar la imagen­objetivo. La evaluación permitirá corregir los inevitables errores, incorporar problemas nuevos y dar respuesta a situaciones imprevistas, redefinir metas, rediseñar actividades, volver a estimar los requerimientos de recursos y ajustar el horizonte.

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