Resultado comicial
Ciento setenta y cinco años de histórica política hacen del Partido Nacional un fenómeno extraño de vigencia y permanencia que lo elevan ente los dos más viejos del mundo. Y entre las muchas razones que se pueden alegar, está el respeto a la opinión pública partidaria. Por supuesto que como todo partido político existe influencia directriz, no imposición, pero respetando en términos generales las simpatías y razones que el pueblo desea. Alguna vez pasó y obviamente nos fue mal, en algún matiz en excesiva influencia. Pero las más de las veces, si el ciudadano blanco se para firme, como la lucha de Saravia versus doctores del Honorable de entonces, decidía la mayoría en los hechos y mandaba el caudillo. Sin ánimo de meterme en casa ajena, no es lo que pasó en el Frente en estos comicios. No es inteligente imponer candidatos, maniobras mediante. La tesis de la «heladera» demuestra un supino desprecio por la masa de votantes, que no fue tenida en cuenta. «¡Qué saben estos de zutana o de zutano, vulgares ignorantes políticos, primando sobre nosotros, que somos inteligentes y sabemos!». Es la repetición, no es la primera vez, cuando decidieron tomar las armas con su revolución donde no se daban las condiciones objetivas para un levantamiento bélico. Hasta el propio «Che Guevara» se los dijo en el famoso discurso del Paraninfo. «¡Conserven el Uruguay!» (sic) ¡Así les fue!
Cuando cambiaron el trillo y trataron de democratizarse, años después, les tocó ganar y no pudieron con el genio. Circunstancialmente puede ganar una «heladadera» aunque pierden a lo Pirro, el 14% de los votos en Montevideo, pero tiene en el hecho intelectual la semilla de su propio fin. Son totalitarios, dicho con el mayor respeto. Y el aserto no se tome como una irreverencia. No es la intención, sí el evitarle al país otra crisis de soberbia con las consecuencias ya experimentadas. Los blancos votamos bien, con resultados mejores aún. Se recuperan tres departamentos y se demuestran una vez más en 175 años, la adhesión, cariño y afecto que la ciudadanía mantiene por la colectividad de Oribe. En el Interior y sumado hoy, la fuerza en Montevideo donde duplicó los votos, siendo como lo fue durante años un bastión batllista primero y frentista después. Renovó sus cuadros demostrando recursos humanos capacitados, o sea, los blancos, no obstante haber perdido en noviembre, están enteros y son la única opción futura viable para competir con el Frente, sin «heladeras» pedantes, reacondicionando filas, para después en la batalla proseguir unidos para enfrentar un futuro auspicioso. Vale también señalar, justo es reconocerlo, que en estos resultados comiciales no se juzgó a Mujica y su gobierno, que recién comienza. Al que se juzgó es a Tabaré. O sea, el saliente.
Mujica puede enmendar la «plana». El «otro» que ya fue, es el que ocupa el banquillo de los acusados. Guste o no guste. La dirigencia blanca deberá, como se hizo siempre, pero hoy con más razón por las situaciones internacionales y nacionales estrechar filas con el Interior sin descuidar este bagaje montevideano, cuidando y apoyando a los caudillos, que son los que conocen y se preocupan por la gente, preferentemente. Los intendentes no viajan ni andan «mosqueando» por congresos y ámbitos internacionales. Son los que ganan con el líder de turno las elecciones. El senador Larrañaga obtiene nueve intendencias de once del Partido Nacional.
Y ese resultado no se obtuvo libando café en las bancadas ni en recepciones en embajadas o en los viajes ya mencionados. Es el caudillo el que se encarga de serle útil al pueblo en términos generales. Y finalmente, en otro artículo lo mencionamos, no es posible la multiplicidad de elecciones. No talenteen más y simplifiquen comicios, con sus gastos cuantiosos, esfuerzos brutales, cansancio ciudadano. El resultado final de estos comicios beneficia al Partido Nacional en términos generales y al senador Larrañaga, que logra con su grupo Alianza más intendencias que el Frente y el Partido Colorado juntos.
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