Bosquejando el horror y el error de la partición de Palestina

Fue el primer embajador del Estado de Palestina en Argentina. Analista internacional sobre la situación palestina.

Obligados a pagar los vejámenes de Europa, los palestinos fueron arrancados de sus tierras para convertirlos en los mendigos del mundo. Sin hogar, sin tierra y con una fuerte carga de dolor e injusticia, transcurrieron con el peso de su vida estos fatídicos 62 años en los cuales un Estado ajeno y un pueblo extranjero se establecieron sobre una precaria legalidad internacional en su milenaria tierra.

Al bosquejar el horror de décadas y buscar el porqué es necesario hurgar en la esencia de la Nakba (catástrofe), como consecuencia de la partición y la creación del Estado judío, llamado Israel.

El surgimiento de la ONU en 1945, de la probeta del ‘Acuerdo de Yalta’, como una institución internacional para mantener el orden y la paz, quedó encadenado en 1947, con su primer grave pecado por omisión. La partición de Palestina.

Luego del fracasado tiempo transcurrido es necesario rever la situación de Palestina, la ilegitimidad de la partición y la reparación de la disonancia sufrida.

Analizando los 19 capítulos y 111 artículos de su Carta Magna, no existe una sola referencia donde la ONU pueda sustentar legitimidad jurídica aplicable a la partición de un territorio, reubicación o destino del mismo.

En sus propósitos resaltan: a) Mantener la paz y la seguridad internacional. b) Fomentar entre las naciones relaciones de amistad. c) Realizar la cooperación internacional en la solución de problemas…el respeto a los derechos humanos y a las libertades. La larga y tediosa resolución 181 (29/11/1947) fue un preámbulo de la injusticia instrumentada en la legalidad internacional para quitarle el milenario territorio al pueblo palestino.

Dejarlos sin derecho de identidad y montarles el criterio de dos estados. Imposible de aceptar por sus habitantes indígenas, diametralmente opuestos a la telaraña que tejieron los europeos judíos sionistas para la caída de Palestina. El fallecido rabino Moshe Hirsch, con pasaporte palestino, reflejaba: «Israel no es un Estado judío, sino un Estado sionista».

La ONU no estaba acéfala jurídicamente. Contaba con las herramientas legales para solucionar el conflicto en el territorio palestino bajo la ocupación británica y el terrorismo sionista. «Las partes en una controversia cuya continuación sea susceptible de poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional tratarán de buscarle solución, ante todo, mediante la negociación…» (Cap.VI, Art. 33-I).

Soslayando sus principios la ONU delimitó su ideal de partición. Por un lado, un ‘Estado judío’. Otorgando parte del territorio palestino a los europeos judíos askenazi, descendientes de los caucasianos kahazares sin que estos registren antecedentes de una presencia física natural en la región, ni una genética similar a los pre bíblicos hebreos.

Por el otro lado, un ‘Estado árabe’, llamado así. De manera abusiva, la ONU desnaturalizó la identidad nacional palestina de su tierra, cambiando ilegalmente su milenario nombre por el de ‘árabe’. Tampoco tomó en cuenta la rica historia cananea-palestina y su presencia pre y pos árabe en Palestina.

Los citados khazares fueron la esencia del europeo judío a finales del siglo VII y de los actuales sionistas a partir del siglo XIX. Provenientes del Cáucaso, vivieron en Europa Oriental. Avidos de poder, cotejaron su origen cristiano y optaron por el judaísmo. En términos geográficos fueron llamados ‘askenaz’, por su similitud con Sajonia, convertida en el centro del judaísmo político centroeuropeo. Se expandieron a Alemania, Rusia, Hungría, Polonia y las naciones de Europa del Este; no les importó Palestina y Jerusalén hasta finales del siglo XIX, con el advenimiento del sionismo.

Enemigos de los antiguos judíos sefaradíes de Oriente y España, y sin su participación en el askenazi primer Congreso Sionista en Basilea en 1897, el húngaro judío Theodoro Herzl pregonó un Estado judío en Palestina. El fuerte poder político y su poderoso lobby económico de presión controlaron los regímenes monárquicos de Europa; el comunismo soviético; la banca económica de Europa; la Cámara de los Lores y algunos regímenes árabes.

Influyentes en la Primera y Segunda Guerra Mundial, los askenazi permitieron el triunfo británico en la Primera Guerra y, aliados al Führer, consiguieron de Hitler el ‘Acuerdo Havara’, que les permitió desde 1933 la emigración europea askenazi judía a Palestina para colonizar y fijar los designios de Herzl, fallecido en 1904.

En el pasaje histórico se observó la falta del cordón umbilical entre los sionistas askenazi con Palestina. El origen primario khazar de los judíos askenazi invalida la tesis sionista de legitimar a los judíos como semitas, con derecho de retorno a Palestina. Tampoco fue examinado por la ONU.

Al bosquejar el error jurídico, en medio de presiones, la ONU evitó reconocer al Estado palestino y admitió en 1949 la creación unilateral del Estado de Israel (15/5/1948), por el askenazi ruso judío David Ben Gurion. Lejos de la letra de la resolución 181, se avaló en el terrorismo sionista, que demolió 418 ciudades palestinas y expulsó a 750 mil nativos de sus hogares. «Gracias al terror fundamos el Estado judío». Yitzhak Shamir (Reuters 4/5/1991).

La Declaración Universal de los Derechos Humanos dejó al descubierto la precariedad jurídica de la partición y la gravedad de la expulsión. «Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad» (Art. 17-2). y «A nadie se le privará arbitrariamente de su nacionalidad» (Art.15-2). La potencia ocupante emite en Jerusalén, a sus habitantes palestinos, un carné que en nacionalidad dice: ‘jordanos’.

Pasaron 113 años del primer Congreso Sionista; 93 años de la declaración británica Balfour del ‘Hogar Nacional Judío en Palestina'; 63 años de la irregular partición; 62 años de la caída de Palestina y la creación de Israel; 43 años de la ocupación israelí de Jerusalén Este y el resto de Palestina; 17 años de los fracasados Acuerdos de Oslo y la negativa de Israel al derecho legitimo del Estado palestino con su capital, Jerusalén.

Es necesaria una revisión de la irregularidad de la partición y la legalidad de Israel, creado sin base jurídica. La Corte Internacional de Justicia, despojada de los vicios preferenciales, puede ser una jurisdicción competente.

Luego de 62 años, la elección es ser libres y dignos o esclavos de la ocupación, el apartheid y de una comunidad internacional que hoy considera correctamente político hablar de un Estado palestino, mientras lo socava por las presiones sionistas.

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