Educación y laicidad

Roque Arregui*

 

Hace pocos días –hablando en términos históricos– el Presidente daba puntapié a un debate sobre los valores y la religión en la educación pública, confundiendo con falsos conceptos, e iniciando una polémica que mal encarada puede generar falsas contradicciones entre los vastos sectores de nuestra sociedad, que aspirando a construir una sociedad más justa, más libre y más solidaria, forman parte de la diversidad de pensamientos religiosos y filosóficos que están implícitos en el pensamiento democrático uruguayo.

Batlle ha dado a entender que en la escuela pública uruguaya no se educa en valores. Grave error: bueno sería que el Presidente estudiara la Historia de la Educación Pública y todo lo que ha aportado ella en lo moral y en lo cívico, desde José Pedro Varela hasta aquí.

La escuela pública no hace abstención de los valores: hace opción por el sistema democrático frente al totalitarismo, toma partido por los valores que son comunes a la sociedad –democracia, libertad, solidaridad– por todos esos valores que Batlle ha de querer que se enseñen en la escuela pública, pero que por lo visto ignoraba que se están enseñando desde hace muchísimo tiempo. Es más, la educación en nuestro país ha sido una avanzada en la formación de valores. A vía de ejemplo, mucho antes que cansinamente desde organismos gubernamentales se empezase a ensayar tímidas respuestas frente a los preocupantes problemas medioambientales, los niños y jóvenes se formaban en el respeto a la naturaleza.

A la laicidad se le quiere hacer decir lo que la laicidad no dice. No es cierto que se desconozca las religiones. Lo que no se hace es tomar partido por alguna en particular. En los niveles correspondientes no se omite lo que son las diferentes creencias religiosas.

Hubo en el Uruguay una separación del Estado de la Iglesia, que insumió un proceso de sesenta años, que hoy ni el Estado ni la Iglesia cuestionan (municipalización de los cementerios, decreto-ley de Educación Común, creación del registro de Estado Civil, matrimonio civil, ley de Educación Secundaria y Superior, laicización del juramento parlamentario y del Código Militar, separación entre el Estado y la Iglesia a través del texto constitucional, etc.).

El significado de laicidad fue evolucionando con el tiempo, y se refirió también a las distintas corrientes políticas y filosóficas, no desconociéndolas, enseñándolas en la escuela pública sin que esta tomara partido por alguna en particular, opción esta que es privativa de cada persona.

Laicidad y democracia son conceptos que se alimentan mutuamente. La democracia como forma de vida y el pluralismo que ella conlleva se afirman en el respeto mutuo que en la diversidad une a los seres humanos de una comunidad, y a ello la escuela pública uruguaya ha contribuido en forma elogiable, pese a que en períodos oscuros de la vida de nuestro país se quiso imponer otra cosa.

Una reflexión al culminar: buena cosa es profundizar en temas tales como la educación, los valores, las creencias y corrientes religiosas, políticas y filosóficas.

Mala cosa es sembrar confusión y falsas contradicciones, como asimismo decir cosas que no son ciertas.

(*) Maestro y diputado del EP por el departamento de Soriano.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje