El País, la verdad y los DDHH
Gabriel Mazzarovich*
Ayer el diario «El País», vocero oficial de la dictadura, comparsa gustosa de la represión y operador privilegiado de la impunidad, se ocupó en su página editorial del «escrache» que se realizará el lunes contra el Ministerio de Defensa.
El tema es muy polémico y las organizaciones defensoras de los derechos humanos, las principales organizaciones sociales y políticas ya se han pronunciado sobre él, vale decir, mayoritariamente en contra.
«El País» asume una supuesta defensa de la «Comisión para la Paz» y la emprende contra los promotores del escrache: «Hay que denunciarlos tanto porque el ruido que hacen, que aunque es más que las nueces, perjudica el trabajo que está llevando a cabo la Comisión con la señalada prolijidad y esmero, como por la constatación de que en el organismo social siguen existiendo focos malignos generadores de incorregibles».
«El País» cambia los ejes del problema a sabiendas. El principal problema que enfrenta hoy la Comisión para la Paz es el silencio cobarde de los militares asesinos y secuestradores y de sus cómplices civiles que son los que tienen la información clave sobre los desaparecidos y se niegan a brindarla.
Haría mejor «El País» en criticar el silencio de Gavazzo, Silveira, Campos Hermida, Cordero, Baudean, Ramas, Juan Carlos Blanco y Lupinacci, que en ocuparse de una iniciativa polémica, criticable, pero que siendo fieles a la verdad, influye bastante menos.
Por otra parte la Comisión para la Paz es un iniciativa plausible y merece ser apoyada en todo lo que se pueda, pero nadie puede decir que hay un camino exclusivo para investigar y menos para debatir el tema en la opinión pública.
El escrache parece no sintonizar con la sensibilidad mayoritaria de la sociedad, pero vale reiterarlo: no es el problema central y en un tema tan delicado no hay que hacer trampas.
Pero, por otra parte, el editorial de «El País» con la excusa del «escrache» desliza afirmaciones insólitas sobre los reclamos de verdad y la actitud que debería tener la sociedad hacia los violadores de los derechos humanos.
Resollando por la herida «El País» la emprende contra Juan Gelman y contra quienes apoyaron la búsqueda de su nieta desaparecida.
El editorialista señala que «por procedimientos que nunca quedaron claros, se tuvo noticia de la aparición en el Uruguay de la hija de un escritor argentino de marcada tendencia izquierdista, Juan Gelman, por la cual la prensa local adicta estaba llevando desde escasos días antes de las elecciones nacionales, una campaña constante en la que las baterías apuntaron contra la figura del entonces Presidente de la República, el doctor Julio María Sanguinetti, reflotando en general un tema que tuvo poco debate en la opinión pública durante el gobierno nacionalista presidido por el doctor Luis Alberto Lacalle».
La cantidad de inexactitudes de este párrafo sólo se pueden disculpar en alguien que tiene que comentar el tema obligado, que nunca lo siguió, ni siquiera se interesó por él.
Primero: a quien se ubicó, como es público y notorio, fue a la nieta de Gelman, no a la hija, como dice «El País». Para que se informe el editorialista, agrego, que la que también está desaparecida en Uruguay, secuestrada por militares uruguayos, es la nuera de Gelman y que su hijo fue asesinado por militares argentinos.
Segundo: «los procedimientos» están meridianamente claros, los explicaron públicamente Gelman y el propio Batlle. Confluyeron tres investigaciones: la más importante realizada por Gelman y su compañera, Mara La Madrid; la segunda realizada por Batlle y la tercera efectuada por LA REPUBLICA. Las tres investigaciones arrojaron el mismo resultado y la identidad de la muchacha luego se confirmó en un 99,99% con un estudio de ADN.
Tercero: el reclamo de verdad por los desaparecidos realizado por sus familiares nunca cesó, es cierto que con el hallazgo de la nieta de Gelman pasó a otro estadio, entre otras cosas porque la actitud de Batlle obligó a la prensa del poder, categoría prototípica de «El País», a hablar de un tema que silenciaba siempre. ¿Es que el editorialista de «El País» no se enteró que desde 1996, los 20 de mayo se realiza la «Marcha del Silencio» que convoca decenas de miles de personas? Pasa por la puerta del diario, debería asomarse a la ventana, es un ejercicio que le recomiendo este próximo 20 de mayo.
En cuanto a lo de la «prensa local adicta» debería decir con todas las letras LA REPUBLICA, porque durante un año informamos en solitario que premios Nobel y personalidades de todo el mundo reclamaban a Sanguinetti que investigara el paradero de la nieta de Gelman.
Claro, «El País» y los otros medios estaban dedicados a decir, vaya noticia, que Gelman «es notoriamente izquierdista», ¡valgame señor!
No es de extrañar, los lectores de «El País» se enteraron de que hubo represión en 1996 cuando publicaron la carta de Tróccoli reivindicando la tortura y del reclamo de Gelman cuando Sanguinetti dijo que no había niños desaparecidos en Uruguay.
Claro, después Batlle hizo lo que hizo, creó la Comisión para la Paz y «El País» tuvo que acomodar el cuerpo y se le nota.
Este diario, que defendió y propagandeó a la dictadura, que reclamó desde esa misma página editorial que se le diera un año más al sanguinario Videla en Argentina para «que culminara su obra», también le da lecciones a la sociedad y dice que «deberían llamarse a la reserva, a la prudencia, a la espera de lo que suceda, con el máximo de ponderación y serenidad. Al fin y al cabo se ha esperado tanto, que un tiempo más o menos no parece ser lo que importa si lo que se consigue es el éxito».
En realidad deberían decir que ellos no han hecho nada para impulsar la reconciliación nacional, que tampoco han hecho nada por la Comisión para la Paz y que les queda incómodo esto de que un tema que tanto hicieron por sepultar ahora esté en boca de todos. Antes de dar lecciones de «paciencia» a quienes como los familiares de los desaparecidos han dado sobradas muestras de conciencia democrática y apego a la ley, «El País» haría bien en ensayar una autocrítica, tímida nomás, por haber apoyado a lo largo de su historia a cuanto gorila y represor campeó en el continente.
* Secretario de Redacción
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