¡Más elecciones!
En mi vida he visto una elección más fría y de poco interés que esta departamental que nos toca en suerte. Desde fines de 2008 que entre «internas y externas» no paramos de actos electorales. Todo plebiscito tiene un elemental desgaste humano. En esfuerzo físico e intelectual, costos cada vez más elevados que pueden ser destinados a fines más prácticos y útiles, reiteradas publicidades de las más variadas pero todas repetitivas, eslóganes que han ido desgastando el interés que debiera ser y lo es, fundamental, para el futuro del buen «vivir» de cada pago departamental.
Hay un cansancio que termina siendo razonable en el ciudadano, que ve con mucho más interés un partido de Nacional o Peñarol que estos actos comiciales. La mayoría ni sabe bien cómo se va a votar ni conoce someramente a quién está votando. Se va a votar por inercia. Hay mucha más expectativa en la ciudadanía por la evolución del Mundial que por el que guíe el departamento en los cinco años que vienen. Es una realidad y, lo que es peor, lógica. Algo que por otra parte era previsible ganase quien ganase.
Porque esta reiteración electoralista que se ha vuelto crónica, desnuda carencias y repeticiones que aburren, demostrando pobrezas particularmente electorales. Tanto es así que en «spots» publicitarios no interesa el partido, la pobreza es general, se llega al colmo y tontería de su estimación argumental, que un «chico» que pretende ser candidato, no expone planes ni ideas ideológicas para solucionar los problemas montevideanos, sino sólo como «ocurrencia», el «raparse».
No se han dado cuenta de que el «argumento», por gracioso que pueda verse, tiene un resultado desprestigiante para el oficio político al tomar en broma o «joda», como se le quiera llamar, un acto trascendente como es una elección con todas sus consecuencias. Para ese «jovencito» y su entorno, ser edil no pasa de un «juego» que de paso y cañazo estará muy bien remunerado con dineros públicos que son del pueblo. ¡No le veo la gracia!
Otro aspecto a tenerse en cuenta en esta proliferación de cargos remunerados generosamente y candidatos subsiguientes, revela las carencias intelectuales de los mismos. Me animo a prejuzgar, que salvo los parientes y amigos íntimos, la mayoría absoluta que «visten» las listas son desconocidos. Si son aptos o más o menos capaces es una quiniela.
Incluso el candidato o candidata no pasa de ser un ciudadano políticamente profano o una cuasi aceptable «ama de casa» intelectualmente, ineptos para ocupar sitiales fundamentales en el ejecutivo como el legislativo comunal. Las colectividades políticas se estarán dando cuenta de la pobreza de sus «staffs» partidarios.
Las ideas son reiteradas por todos sin demasiadas originalidades salvo las que expone el economista Javier De Haedo, técnico al fin. La basura la nombran todos, aunque sin decir «cómo» lo van a hacer. La seguridad e iluminación, argumentos expuestos desde las nacionales, súper población de cargos municipales sin mencionar sus reducciones, niñez trabajando en los basurales y manejando los «carritos» hurgadores, hace años que esperan soluciones en vano, y demás ítems prometidos. Y aunque los votantes sigan sufragando, por voto obligatorio, no lo hacen por convencimiento sino, se puede decir, por ánimo cuasi deportivo.
Agréguese como sumatoria que no es menor precisamente, los costos brutales de cada elección, en un país que jamás nadó en la abundancia. Todos los partidos llegan con sus arcas exhaustas pidiendo «agua por señas». Hay una verdadera profesión del «pechazo» electoral a comercios, industrias y afines. Desde los clásicos «chorizos» a las chacineras hasta el abusivo «chequecito» que todos obligan a dar en aras de no retacear beneficios futuros. No olvidemos las «comidas» con «valecitos» en dólares con igual finalidad, a los compañeros que sí o sí aportan religiosamente. ¡La gente se cansó! ¡Hasta los políticos incluso! ¡Basta de elecciones! ¡O en protesta, para la próxima, nos rapamos todos!
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