El nuevo gobierno y el pasado reciente
En un hecho sin precedentes y de importantes repercusiones, el Presidente de la República dirigió un mensaje a los mandos militares reunidos en el interior del país. La circunstancia tuvo un destacado significado simbólico ya que el hoy presidente cuenta con un pasado de combatiente que lo enfrentó a las Fuerzas Policiales primero, y a las Fuerzas Armadas después, pagando las infracciones a la ley con años de prisión en condiciones infrahumanas.
Con su lenguaje llano y directo, don José Mujica expuso sus puntos de vista sobre el papel que cabe desempeñar a las FFAA, su percepción de la realidad actual en la materia, su preocupación por el bajísimo nivel salarial de los funcionarios del Ministerio de Defensa (más el compromiso de poner todo su empeño en corregir tal situación), y no eludió referencias a los enfrentamientos del pasado.
Notoriamente, Mujica se debía a sí mismo esa exposición ante los mandos como forma de exorcizar todo lo vinculado a su relación con los militares; se trataba, en cierto modo, de una asignatura pendiente, de un sinceramiento no sólo ante los mandos castrenses sino ante la sociedad toda. Los uruguayos en su inmensa mayoría (y no hablamos solamente de quienes lo votamos) han terminado por aceptar al ex guerrillero a pesar de la furibunda campaña de desprestigio llevada adelante por blancos y colorados contra su figura. Pero si bien esto es un hecho incontrastable (basta ver los datos de las últimas encuestas que lo sitúan en 61 por ciento de aprobación), nunca está de más enfrentar la realidad, hablar sin tapujos y llamar a las cosas por su nombre.
Ahora bien, en reiteradas ocasiones, el Presidente había expresado su postura respecto de las violaciones a los derechos humanos en el marco del terrorismo de Estado que sufrieron no sólo los combatientes sino también todos aquellos que ejercieron algún tipo de resistencia a la dictadura. Todos han de recordar la entrevista en La Nación de Buenos Aires, en la que dijo algo así como que no quería tener viejitos presos, lo que levantó una considerable polvareda en la izquierda. Muchos vieron, con alarma, una señal en el sentido de promover algún tipo de indulto a los terroristas de Estado condenados por la Justicia. Asimismo, lo expresado en la reciente reunión con los mandos militares a que hacemos referencia, en el sentido de que las FFAA no debían cargar la pesada mochila del terrorismo de Estado, fue percibido por algunos como un paso en el mismo camino por cuanto podía interpretarse que se trataba de un perdón y un dar vuelta la página.
No obstante, nos parece oportuno puntualizar algunas cosas. En primer lugar, el deseo de que no haya «viejitos presos» responde, a nuestro juicio, a esa faceta profundamente humana de José Mujica, que lo lleva a descartar cualquier tipo de venganza o revanchismo, y que se explica por el hecho de haber experimentado la privación de libertad en carne propia. Y en lo que tiene que ver con la imagen de la mochila, parece claro que el mensaje debe leerse como una exhortación dirigida a las nuevas generaciones de militares a no sentirse responsables por los desmanes y atrocidades cometidas por las generaciones anteriores.
Para terminar de aventar sospechas, el Presidente fue claro al manifestar que todo lo relativo a los crímenes de lesa humanidad cometidos al amparo del terrorismo de Estado está en manos de la Justicia, y que es su intención proceder tal como lo hizo el gobierno de Tabaré Vázquez en la interpretación de la Ley de Caducidad.
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