¿Sorpresa?

Quizás haya sorprendido a inadvertidos, más bien desinformados, observar cómo se integró la mesa en el momento en que asumieron las nuevas autoridades del Sodre: ministro y subsecretaria de Educación y Cultura, escritor y cantantes; ex ministros de Defensa Nacional e Interior, todos vinculados a la institución. Los sorprendidos quizá se preguntarían ¿qué tienen que ver con el Sodre quienes estuvieron al frente de la seguridad interna y de las Fuerzas Armadas del país? ¿Estamos locos, la Biblia junto al calefón?, diría Discepolín.

Pues bien, estamos entre los locos. Por el contrario, creo que se trata de un hermoso ejemplo de democracia, republicanismo e integralidad de enfoques en temas fundamentales para el país.

Derechos humanos, en primer lugar, en todas sus dimensiones: políticas, sociales y culturales. No debería haber sorpresa. Educación y cultura son procesos de toda la vida que van más allá de una clase, academia, personas o lugar en que se desarrollen.

En la sociedad actual difícilmente exista tema alguno que no requiera integralidad e interinstitucionalidad, lo cual significa, entre otras cosas, acercamiento de la Policía y el Ejército a la sociedad.

Ambos forman parte del país del conocimiento e innovador que pretendemos ser. Proyecto de futuro que resulta esencial, entre otras cosas, como decía irónicamente Woody Allen, «porque es el lugar donde viviremos en los años venideros».

En cuanto a la cultura y educación, entre otros ejemplos que abundan, recordemos que Serafín J. García ingresó a la Policía como telefonista encargado de archivo, llegó a ser subcomisario de Santa Clara de Olimar, además de ser uno de los grandes en materia literaria. Y en ese camino tendrá mucho que ver la Escuela Nacional de Policía, donde los cursos están destinados a la formación profesional relacionada con el orden público, por tanto a la educación y la cultura. Significativamente, varias de sus aulas llevan los nombres de Mario Benedetti, Idea Vilariño, Serafín J. García y otros.

La concreción de los derechos humanos en toda su dimensión, ¿no depende de la situación social, política y cultural, incluida la seguridad, tal como se expresó en agosto de 2009 en la Reunión Interamericana de Seguridad Pública, donde se destacó la importancia del Plan Ceibal como herramienta de formación y educación en la seguridad? Por supuesto queda mucho por hacer.

Teoría y realidad andan algo distantes. Quizá nunca terminarán de encontrarse dado el propio dinamismo de los derechos humanos, que los lleva a estar en constante evolución, cambiantes, siempre tendientes al avance, nunca a la regresión, y menos a la cancelación.

¿Se comprende entonces por qué ex ministros de Defensa y del Interior puedan integrar la dirección del Sodre, que con 80 años a cuestas ha sido creador y gestor de primerísima calidad de nuestra identidad cultural nacional?

Otra vez la vida política de este pequeño gran país nos está demostrando por qué se nos distingue en el mundo, aunque no sepamos difundirlo en la medida de lo necesario. Seguimos transitando el camino de profundización democrática republicana, paulatina y progresivamente, basándonos en nuestros múltiples y valiosísimos antecedentes históricos y en los propios hechos recientes que día a día estamos procesando en la vida política.

En función de todo lo expuesto, ¿cuál es el problema entonces de la multifacética constitución de la mesa de asunción de autoridades del Sodre? Sabia frase la de Nietzsche: «Solamente aquel que construye futuro tiene derecho a juzgar el pasado».

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