EDITORIAL

Pedro, el duro con cara de bueno

Uruguay tiene una larga tradición republicana, democrática y liberal. Esta tradición ha penetrado en las costumbres y formas de pensar, lo que ha permitido que la democracia se haya enriquecido al grado de que hoy acepte a un ex guerrillero de Presidente de la República, a una candidata comunista a la intendencia de Montevideo y a ocho jefes comunales fundacionales del Frente Amplio, la gran mayoría de ellos de matriz marxista.

Esta visión no nos debe impedir ver que dentro de la sociedad hubo y hay pensamientos profundamente reaccionarios, los cuales han ofrecido resistencia. Y que en algunos momentos históricos, han logrado hacerse del poder, como fue durante la última dictadura.

Si la línea histórica es de más democracia y más republicanismo, hay que ir a José Artigas, a José Pedro Varela, a los primeros inmigrantes socialistas y a José Batlle y Ordóñez, para nombrar a los pilares fundamentales, sin olvidarnos del pensamiento universitario de la reforma de Córdoba y así como de la influencia de la insurgencia juvenil en Francia, en mayo de 1968.

Hoy se puede ser de izquierda, blanco o colorado, cada uno con sus historias y sus programas, pero necesariamente hay que colocarse del lado del libre pensamiento, si se quiere tener prédica en la sociedad y recibir la adhesión de parte de ella.

Los reaccionarios criollos, que los hay aun cuando sean de buen hablar, están vivos y coleando, siempre dispuestos a influir con su pensamiento conservador. Uno de esos exponentes es el líder del Partido Colorado, el senador Pedro Bordaberry, un dirigente que sabe trabajar para reconstruir su fuerza política desde actitudes moderadas, pero que cuando tiene que opinar sobre temas que hacen a las influencias sobre nuestra cultura democrática muestra las cavernas de su cuna.

El diario «El País», la máxima expresión cultural de la reacción criolla, entrevistó el pasado domingo a Bordaberry, quien en materia política se mostró pausado y generoso, pero que a la hora de ingresar en el análisis de algunos temas mostró ser un fiel representante de la derecha.

Al referirse a la educación Bordaberry volvió a jerarquizar el valor del «orden», por encima de todo. «Hay dos problemas en la izquierda uruguaya, si es que todavía existen izquierdas. Hay una izquierda anterior al mayo del 68 francés, y hay una izquierda posterior. Yo discrepo con muchas cosas que han planteado Mujica y su grupo, en especial antes del 68. Pero en el fondo hay algo que ellos perciben que es lo mismo que percibo yo, que es mejores resultados, mejor educación. Y para que se logre eso se necesita tener un orden, y el orden es que el maestro da la clase y el alumno la recibe. Eso está puesto en duda a partir del 68, porque desde entonces todo vale lo mismo», dijo el líder colorado.

No hay duda de que un buen sistema de enseñanza necesita de formas de disciplinamiento, pero la educación no puede ser sólo eso. Volver a sostener que «el maestro da la clase y el alumno la recibe» no es retroceder a antes de 1968, sino que es desconocer a Varela y a lo mejor del pensamiento educativo de nuestro país, siempre bien impregnado de libertad y de respeto por el educando. Es abrirle las puertas a la educación que impartió el sistema de enseñanza de la dictadura cívico-militar. Es lo que ha hecho Pedro Bordaberry, senador y líder de los colorados. Una lástima.

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