Hay que bajar la pelota…
No me siento capacitado para aconsejar al Presidente de la República sobre su accionar. Además no es mi tarea. En todo caso, en el marco de la independencia del movimiento sindical, me atrevo a pocos días de asumir el Pepe la Presidencia, con la presencia de miles de uruguayos que sentíamos una profunda alegría, a plantear un conjunto de posiciones con respecto al tema de la reforma del Estado, del ingreso a la función pública, de los concursos para ascender y algunas reflexiones que quiero poner a consideración de mis compañeros y de los lectores.
Comienzo por reseñar que ni bien fue electo el Presidente Mujica, fue al PIT- CNT para invitarnos a debatir y construir una reforma imprescindible del Estado. Por nuestra parte, manifestamos nuestra intención de participar y aportar nuestros conocimientos, fruto de nuestro trabajo. Es así que conformamos un grupo de dirigentes sindicales públicos y privados con el objetivo de participar de la mejor forma posible en un proceso complejo porque me animo a manifestar que nadie conoce todo el Estado en su conjunto, por lo cual es necesario contar con varias visiones.
Se trata entonces de definir cuál es la reforma a la que aspiramos; cuál es el nuevo paradigma del Estado uruguayo, compartiendo que el Estado tiene que estar al servicio de la construcción del país productivo con la consecuente justicia social. Por lo tanto, expresiones que tienden a satanizar al trabajador público nos parece no construyen el mejor escenario para uno de los debates más importantes que tenemos por delante.
En otro orden, la expresión «no va a entrar nadie al Estado», creo que ya corregida, deja de lado la necesidad del Estado de rejuvenecer la plantilla, de que ingresen técnicos, especialistas, jóvenes que ya vienen de la cultura informática y que manejan las nuevas herramientas de la comunicación en forma magnífica. Es decir: es necesario inyectarle al Estado mayor vitalidad, cuestión imposible si se tomara una decisión de ese tipo.
En cuanto a los concursos, han constituido una sorpresa para los trabajadores del Estado las recientes declaraciones del Presidente acerca de que «el concurso masivamente en este país se ha transformado en un instrumento de acomodo», en el que «queda todo tapado» y ni siquiera hay a quién pegarle». Si nos atenemos al criterio estricto de estas palabras, deberíamos concluir que evidencian una seria incomprensión del instituto del concurso, ya que el principio de igualdad constituye la columna vertebral de todo el régimen de concursos. Este principio justifica el carácter obligatorio de las disposiciones de los reglamentos y bases de los concursos. Si la administración se apartara de estos, los concursantes quedarían librados a la arbitrariedad, no existiendo la situación de igualdad que debe regir entre los postulantes. En cambio, la arbitrariedad, sí, es la columna vertebral de las «designaciones a dedo». Donde sí podemos llegar a concordar es en mejorar el instituto del concurso en todo lo que sea mejorable y en tomar las medidas pertinentes en caso de infracciones o irregularidades.
Personalmente, he sido delegado de los concursantes en múltiples oportunidades y me consta que se ha trabajado con mucho rigor por parte de las oficinas que organizan el concurso y de los integrantes de los tribunales que actuaron en cada caso. No resulta justo que el esfuerzo de los mencionados y de los concursantes se vea opacado por expresiones poco felices del Presidente.
Seguramente alguien mal informado dirá que los sindicatos empezamos a trabajar en forma corporativa para trabar las diversas reformas, pero nada más alejado de esto que los ingresos y los ascensos dentro de los organismos se den por la vía del concurso, es decir por la obtención de mayor puntuación los días que se efectuaron las pruebas.
En síntesis, como ha dicho el propio Presidente todos tenemos la posibilidad hermosa de equivocarnos. Creo que en este caso el Presidente cometió una equivocación. Primero, porque nos desvía de los temas principales. Segundo, porque esas declaraciones no aportan a la construcción de un ambiente más favorable al debate de la reforma del Estado. El tercero y el más importante es que en los cinco años que fueron de 2005 a 2010, el ingreso al Estado ha tenido avances muy fuertes no registrados nunca antes y no dudamos de que puedan haber existido algunas desviaciones que deberíamos analizar para continuar perfeccionando el modelo de ingreso.
Por último, y no por eso menos fundamental, considero que hay que bajar la pelota al piso a los efectos de no seguir discutiendo temas de esta importancia por la prensa. Tengo plena confianza en que en este período se pueden profundizar muchos de los cambios iniciados en el anterior gobierno y comenzar nuevas reformas. En ese camino nos seguiremos encontrando en la construcción de un país más justo y solidario.
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