Colotuzzo: la lucha social perpetua

José Luis Sampayo Píriz

 

En pocos días, don Luis Alberto Colotuzzo dejará, en el Directorio del Banco de Previsión Social, la representación de los jubilados y pensionistas, cargo al que accediera por masivo mandato popular el 7 de octubre de 1992, en una histórica elección en la que el 67% de los pasivos uruguayos lo ungió su representante. En aquella oportunidad, la Organización de Asociaciones de Jubilados y Pensionistas del Uruguay le había conferido la titularidad del cargo por la unanimidad de sus entidades afiliadas.

Por dos veces en estos ocho años, se frustró una nueva elección por razones diversas y en ambas oportunidades Colotuzzo fue designado por aclamación para una nueva postulación, lo que dice claramente que los jubilados y pensionistas han depositado en él una confianza sin límites y han valorado su gestión en el organismo previsional, cosa nada fácil que afrontó con una dedicación ejemplar y poniendo lo mejor de su esfuerzo y también de su salud.

Pero es bueno saber que este hombre, que hoy cuenta con ochenta y tres jóvenes y envidiables años, no empezó ayer su vida de lucha social, ni hace ocho años, cuando ingresó al Directorio del BPS, sino que ya lleva sesenta y seis transitando el espinoso camino de los que sienten como propia la injusticia de los de su clase, los trabajadores de hoy y de ayer. Don Luis para la mayoría, Alberto para su familia y los más cercanos, se pegó para siempre a la lucha cuando, con 17 años, comenzó a compartir los sinsabores de sus compañeros, que por un mísero salario tenían un vagón de obligaciones y unas migajas de derechos.

Aprendió en el fragor de la lucha y se hizo líder por naturaleza, porque los líderes no se fabrican. Se ganó el respeto de quienes le siguieron y de quienes lo combatieron. Las lucha sindicales de los 40 y los 50 no admitían procesos de estrategia; eran como un mostrador, de un lado o del otro.

Fue radical en la defensa de los suyos, nunca lo tocó una sombra. Su honradez y la cristalinidad de sus actos fueron siempre la garantía de sus actitudes. Su hogar, escudo de humildad y modestia, sigue siendo el mismo del jornalero de cincuenta años atrás. En la historia de la legislación laboral de este país de los últimos sesenta años hay un pedazo de sus cimientos que le corresponde. Los consejos de salarios, la ley de aguinaldo, seguro de paro, licencias anuales, seguro por enfermedad, fueron conquistas que lo tuvieron como activo participante.

Su influencia directriz trasciende lo nacional y por voluntad de sus compañeros viaja a Ginebra en 1949 a la Conferencia de OIT. Ese mismo año se constituye la ORIT, Organización Regional Interamericana de Trabajadores, que aglutina a 19 millones de asalariados de las tres Américas. Se transforma en un referente para los sindicalistas latinoamericanos.

Cuando hace quince años, jubilado ya en la actividad laboral pero no en la social, es partícipe activo y comparte el sufrimiento de las injusticias a que se ven sometidos los jubilados y pensionistas, da pie al andamiaje organizativo de lo que después sería la Onajpu, la que nuclea en ese momento más de sesenta entidades gremiales de pasivos en todo el país.

Su dinamismo, su experiencia, su perspicacia, le dieron un tono distinto al entorno casi ignorado de la Seguridad Social. Propuso y peleó por conquistas quitadas como el aguinaldo y la prima por edad. Nunca se conformó con que solamente 47 mil jubilados tengan la mutualista paga. Tampoco con que se haya desvirtuado la jubilación transitoria por enfermedad y la pensión por invalidez. Luchó contra la implantación de la ley 16.713, un engendro ejecutivo – legislativo antisocial.

Pero hubo algo mucho más importante y ello radicó en que, a partir de su integración al Directorio del BPS conjuntamente a los otros dos directores sociales, la gente empezó a saber lo que ocurría dentro del organismo, lo que por décadas se manejó en tinieblas por parte de los representantes del poder político.

Todas estas cosas y mucho más fueron y son el desvelo de un hombre que se resiste a ser segundo en la lucha.

Hoy jubilados y pensionistas han elegido a su sucesor en el Banco de Previsión Social y seguramente la nueva representación reiterará aspectos salientes de la actividad desplegada por Colotuzzo durante estos años, porque los postulados siguen vigentes y las necesidades de los pasivos son cada vez más acuciantes.

Hace unos días, desde Venezuela, la ORIT invitó a Colotuzzo a concurrir a su XV Congreso. Con emoción, el viejo sindicalista recibió la invitación de la Organización que quiere, cincuenta años después, homenajear a su primer secretario general y por ende, fundador. Hoy la ORIT es la mayor Organización Interamericana y ello deja de manifiesto la visión de sus fundadores que hace cinco décadas propusieron a la América sindicalizada unirse para la lucha y que el combate los encontrara «fuertes y juntos».

En unos días Colotuzzo dejará su lugar en el Directorio del BPS, pero seguramente, al otro día, recomenzará su militancia social, la misma que practica desde más de seis décadas sin pausas y de la que no se despide, porque la lucha sigue y a los 83 años no hay tiempo que perder.

*Integrante del equipo de representación de los pasivos en el BPS.

 

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