Un tuquito pa’ los fusiles

Julio César Martínez

 

Estoy seguro que si usted leyó LA REPUBLICA el jueves 22 de marzo en su página 18, le habrá preocupado (y asombrado) la noticia que encabezaba la misma cuyo título decía textualmente: «Le pidieron fuego para el cigarrillo mientras estaba de servicio. Le robaron el fusil FAL a un guardia militar». Y seguro estoy también que habrá pensado –como pensé yo– el peligro que dicha arma representa en manos ‘non sanctas’ (¿habrá manos ‘sanctas’ que empuñen armas?). Confieso que leí la nota de cabo a rabo y luego volví la página y me dispuse a continuar con el resto de la información mientras saboreaba mi taitantos amargo mañanero. Pero fue en ese preciso momento que algo me golpeó muy fuerte. Como si estuviese sufriendo un impacto en diferido. Sí, evidentemente había ‘algo’ en aquella nota del fusil FAL que no era precisamente el hecho de la sustracción ni de los golpes que le aplicaron los agresores al soldado, algo –repito– que no ‘me cerraba’, como dicen los muchachos ahora. Y lógicamente volví a la página 22 del diario.

Y entonces me di cuenta de qué era el ‘algo’ que me había hecho la zancadilla. Escribía el colega en su crónica promediando la primera columna de la información: «Por su parte, las autoridades de la Dirección de Investigaciones iniciaron de inmediato una serie de procedimientos y averiguaciones tendientes a identificar y a atrapar a los autores de este insólito y grave delito y recuperar además el potente fusil FAL que muy probablemente pueda ser utilizado para concretar algún asalto con copamiento. De ser así y si el arma es accionada, el resultado sería desastroso, principalmente para las personas que pudieran ser alcanzadas por los impresionantes proyectiles que están destinados exclusivamente para la guerra«. El subrayado no está en el original, y lo utilizo para destacar lo dicho; porque allí, vecino, en esa frase estaba la madre del borrego como dice el buen criollo, con la anuencia de Juan Mendieta, que las sabe posta.

Porque, digo yo, vecino, y sin pretender ofender a nadie que bien sabido es que los orientales siendo libres no ofendemos (pero tampoco tememos), como enseñó Artigas. Digo yo, repito: y si esos fusiles sirven nada más que para la guerra y si sus proyectiles son tan destructores, ¿es necesario que nuestros cuarteles sean protegidos con este tipo de armas? ¿Contra quién o qué estamos en guerra? ¿Quién es el enemigo que amenaza la seguridad de los cuarteles? ¿Realmente el soldado que maneja esa arma está preparado psíquica y técnicamente para hacerlo?

Yo le digo la verdad, vecino: cuando me entero de que no hay gasas ni alcohol en las guardias de los hospitales, cuando uno lee que en la educación falta de todo, que el presupuesto no alcanza para las cosas elementales y por otro lado se entera de que seguimos invirtiendo en armas para prepararnos para una guerra que no sé en la mente de quién puede concebirse, me da… ¿sabe? como una especie de puntada ‘en la realidad’, que ni le cuento.

Estoy de acuerdo en que hay que buscar a los que se robaron el fusil. Por supuesto. Pero para que nadie se tiente, sería lindazo (y se nos sigue saliendo el criollo de adentro) que no hubiese más fusiles ni cuarteles, ¿sabe?, que en vez de eso hubiese arados, azadas, rastrillos, palas de punta, arados pasteros, etcétera. Y entonces sí, si a alguien se le ocurre robar algo de eso, dejarlo hacer nomás, que una herramienta siempre es bueno y aconsejable que esté cerca de quienes andan extraviados en la vida.

Digo yo nomás… como paveando. Un abrazo y hasta la próxima.

Juma.

*Periodista

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje