¿En los comienzos de una nueva guerra fría?

El incidente aéreo suscitado a raíz de la incursión de un avión espía norteamericano en zonas próximas a China y su aterrizaje forzado en la isla china de Hainan parece estar llamado a ser, al mismo tiempo, un factor de acrecentamiento de las tensiones en esa región y una nueva muestra del agresivo estilo de la nueva administración presidida por George Busch.

Hace apenas unos días, el 23 de marzo pasado, una figura de gran peso en el gobierno y la diplomacia china, el vice-primer ministro y ex canciller Qian Qichen anunció en Washington, en el estilo metafórico que caracteriza a los gobernantes del gran país asiático: «Ya hay chispas; si ustedes arrojan gasolina habrá grandes llamas».

La caída del avión eufemísticamente llamado «de vigilancia electrónica» el pasado domingo, después de chocar con un avión caza chino, ha contribuido a aumentar las tensiones entre ambas potencias.

El episodio se da en el contexto las primeras acciones en materia de política exterior de una nueva administración norteamericana cuyos pasos inaugurales han consistido en los bombardeos a Irak y el endurecimiento de las posiciones norteamericanas en todos los puntos de fricción en el planeta.

Como telón de fondo opera también la circunstancia que el gobierno de George Bush ha anunciado su disposición de vender armas de última generación a Taiwan, considerada por el gobierno chino como una provincia rebelde y un posible enemigo militar.

El episodio ha sorprendido a la opinión pública europea y varios diarios han expresado su preocupación acerca de cómo se consigue viabilizar una salida acordada por ambas partes.

Las autoridades norteamericanas, en un razonamiento que se hace difícil compartir, sostienen que el avión, por su carácter «oficial» está bajo la soberanía norteamericana. Según ese singular criterio, los funcionarios chinos no estarían autorizados a ingresar al mismo.

Esta acción les permitiría conocer los resultados del espionaje realizado y –al mismo tiempo– apropiarse de las tecnologías que portaba el EP 3 accidentado, aparato que ha sido calificado como una auténtica obra maestra del espionaje aéreo.

Las expresiones públicas de los funcionarios norteamericanos revelan, con desparpajo diríamos, esta visión de los derechos soberanos de la gran potencia que va a resultar difícil que otros países pueden aceptar.

Algunos diplomáticos chinos han ironizado acerca de la «soberanía norteamericana sobre un avión que está estacionado, sin anuncio ni autorización alguna, en territorio chino».

Bush ha dicho que «su voluntad es evitar que este accidente se convierta en un incidente internacional». Razonamiento éste que tendría validez para un avión de pasajeros que se traslada regularmente por una ruta convenida. Difícil de aplicar, en cambio, cuando se trata de una nave que realiza tareas de espionaje en el área territorial de otro país.

Como ha señalado más de un experto, del complicado intríngulis se irá saliendo en la medida en que se reconozcan los errores, se formulen descargos y se busque una salida negociada.

Mientras tanto, como lo ha señalado recientemente el jefe de Estado de Cuba, Dr. Fidel Castro, en la asamblea de la Unión Interparlamentaria que se celebra en La Habana con la presencia de representantes de 140 asambleas legislativas de todo el mundo, «impulsando la carrera armamentista, los Estados Unidos están colocando al mundo en los umbrales de una nueva «guerra fría».

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