Mujeres presidentas

Las cámaras legislativas, senadoras y senadores, diputadas y diputados, del segundo gobierno nacional del partido de izquierda Frente Amplio en Uruguay, serán presididas por mujeres y esto no sólo es histórico sino sumamente emblemático.

Parece lógico que si la población es diversa, diversos sean sus representantes.

Sin embargo, no es fácil.

En «la fuerza que Pepe construyó» Espacio 609, impera el criterio de las aptitudes y por eso están allí donde están Lucía Topolansky e Ivonne Passada.

Las féminas, asociadas porfiadamente a roles preestablecidos y domésticos casi exclusivamente, buscamos y encontramos cada vez con mayor vigor, mecanismos de protagonismo comunitario que nacen en forma natural de los talentos demostrados y las necesidades a cubrir.

¿Nos cuestan un poco más estos logros?

Puede ser y es.

Ante los obstáculos invisibles y de apariencia invencibles respondemos con entrega y esmero.

A capacidad de trabajo social difícilmente nos hagan sombra, y con la fuerza de las hormonas y las neuronas siempre salimos adelante.

Confiamos en la sensibilidad de las compañeras liderezas (sí, se dice así, no me lo cambien) y en un programa de administración izquierdista que da prioridad a la equidad colectiva, pues no basta con el símbolo que supone llegar a determinados lugares si desde allí no se despliega conciencia y solidaridad para comprender que el problema de la discriminación por género persiste y cómo atacarlo de la manera más efectiva.

El hecho es que la legislatura uruguaya número cuarenta y siete tendrá el sello específico de la «mujeridad».

Digo esto porque fuera de los mecanismos político partidarios frentistas que se nos presentan axiomáticos a veces, y por eso se dirigen a aggiornarse a la realidad para no perder electores, es muy sintomático que las soluciones de mayor consenso en la actualidad tengan genitales femeninos.

Sin ir más lejos, es un mensaje que sea una dama ­Ana Olivera próxima jerarca máxima de Montevideo­ la salida encontrada por el FA ante la desprolija forma de elegir candidaturas a la Intendencia capitalina, proceso que dejó heridas y disconformidades.

Desde que se redactó la primera Constitución, cuando no era permitido el voto a las mujeres ni a los negros e indios, ha pasado mucho tiempo y muchas situaciones infelices han hecho reconocer la necesidad de igualdad entre las personas en una sociedad que se proponga paz y desarrollo.

Hoy tenemos legisladoras y ministras.

Eso no quita que siga muriendo una mujer cada pocos días por violencia doméstica. Tampoco que entre los grupos desplazados, las afrodescendientes sufran las peores circunstancias de vida y que en definitiva la utopía de la sociedad igualitaria todavía no se deje alcanzar.

Aún así, la población organizada reclamante, trabajando junto al Gobierno frenteamplista, ha encontrado senderos y obtenido aperturas a la solución de los problemas en clave de democracia profunda y participativa. Debemos seguir trabajando.

El compromiso país debe ser una construcción constante de todas y de todos.

Sabiendo donde estamos paradas y sin esperar entonces regalos no merecidos o escasamente surgidos espontáneamente, por propia convicción, racionalidad y madurez política, pisando la tierra que nos vio nacer y con visión de planeta, empoderadas, dignas y coquetas, doncellas, señoras, viudas, casadas, divorciadas o solteras: ¡felicitaciones a las distintas femeninas políticas de todos los partidos y sectores!

Las mujeres llegamos al poder para quedarnos.

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