Si el lector me lo permite
Si el lector me lo permite, voy a comenzar por señalar mi estupor ante el caradurismo de algunos dirigentes empresariales.
En particular me refiero a la Cámara de Comercio, la que, dominada por los importadores y mayoristas, está siendo sumamente beneficiada durante estos últimos años, según señalara a este periodista el propio presidente de la Cámara de Industrias, Diego Balestra, por el precio del dólar.
Estos señores, que representan no a quienes ellos dicen (¿cuántos empresarios votaron al actual presidente?) sino a una selecta minoría de los importadores y mayoristas de este país, ahora se preocupan porque hay una distribución desigual de la riqueza generada en el país, según consigna su medio de expresión, búsqueda, y también criticaron la presencia de 1.500 empresarios extranjeros dispuestos a invertir en Uruguay que llegaron a escuchar al próximo gobierno.
Vamos por partes. Todos los uruguayos saben perfectamente que tanto el ex presidente de dicha Cámara Castells, como la cara visible de dicha corporación la economista Dolores Benavente se cansaron de aparecer ante la prensa durante años pidiendo que el Estado echara empleados públicos. Ahora, la Cámara se preocupa por las diferencias en la distribución de la riqueza generada en el país. El lector puede dedicar unos minutos (para no hacerle creer a ciegas en nuestra opinión) y revisar la información emanada del INE para informarse sobre cuáles son los sectores peor pagos. Con sorpresa (o sin ella) comprobará que son los asalariados vinculados al comercio quienes (oh sorpresa!) también tienen serios problemas para sindicalizarse y en algunos subsectores trabajan de sol a sol.
Sin embargo, para el actual presidente de la Cámara (se van sucediendo entre él y Castells) es preocupante la desigualdad de ingresos. Sinceramente, no recuerdo que dicha Cámara se preocupara por las desigualdades en los ingresos (y sus consecuencias) durante el gobierno del doctor Lacalle, durante las administraciones del doctor Sanguinetti o el divertidísimo período del doctor Batlle.
Naturalmente que estas declaraciones, sorpresivas, son muy bienvenidas, porque abren una maravillosa perspectiva para los empleados del comercio mayorista y minorista en una próxima negociación salarial.
Por otro lado, el señor Varela hizo público su disgusto porque «su Cámara» no fue la organizadora de la reunión del presidente electo con inversores extranjeros. Su Cámara representa (¿?) a algunos empresarios uruguayos, pero el gobierno electo quería reunirse con posibles inversores extranjeros por lo que apeló a la Cámara UruguayoArgentina y a la Unión de Exportadores. Para el señor Varela no es válido, supongo porque parte del presupuesto de que él es el dueño de la pelota, pero da la impresión que el próximo gobierno ha dado señales claras de quién marca las reglas de juego.
Estos exabruptos del presidente de la Cámara de Comercio y Servicios demuestran la desubicación de algunas jerarquías empresariales de nuestro país a las que aún no les cayó la ficha de que estamos en otro siglo, en otro proceso, en otro mundo, en el que no corremos a los empresarios extranjeros hablándoles del IRPF (que pagan en su país de origen) ni de los sindicatos (con los cuales acuerdan en sus casas matrices). Esta especie de filosofía más propia de una clase social que se siente avasallada que de un grupo empresarial de uruguayos, es caduca y no me extrañaría que algún inversor extranjero en algún momento (si ya no lo ha hecho) se les ría en la cara.
Me tomé el trabajo de consultar a un ministro del actual gobierno y me manifestó que «no vale la pena contestar, hay que ignorarlos». Me pareció correcto que no lo hiciera pero, como uruguayo, sentí la necesidad de manifestar públicamente que, aún no creyendo en la existencia de gobiernos perfectos y que no cometan errores, da la impresión que desde el exterior nos ven muy diferente a como algunos dirigentes de una dudosa representatividad enjuician y operan sistemáticamente contra los gobiernos del Frente Amplio.
Apelo a los empresarios a que fomenten y propicien una nueva generación de dirigentes, más lúcidos, más informados de lo que sucede en el mundo, que apelen a estrategias más inteligentes que el continuo e incesante chocar contra una pared amparados en muchos medios de prensa que se hacen eco de sus reclamos casi personales.
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