Chile y la OCDE

En el cumpleaños 50 de la OCDE, Chile se incorpora como su miembro 32, lo que supone un reconocimiento a la experiencia chilena, y refuerza la presencia de Latinoamérica en esa organización, luego de que México ingresara hace ya 16 años.

Como resultado de dos años de intensas negociaciones y ajustes a políticas regulatorias, la presidenta Bachelet ha formalizado el ingreso de Chile a la OCDE. Fueron años de intenso trabajo en 20 comités temáticos que realizaron un profundo diagnóstico y diversas recomendaciones para ajustarse a los estándares establecidos en la organización. Resta ahora la aprobación de la adhesión por parte del Parlamento Nacional. Se prevé que los parlamentarios valorarán positivamente esta incorporación y la aprobarán prontamente dando cuenta del amplio consenso que existe en torno a la estrategia de inserción económica internacional implementada por nuestro país.

Las razones que sustentan la invitación de la OCDE para que Chile se convierta en miembro pleno son de carácter institucional.

La OCDE y sus países miembros reconocen los avances alcanzados en el desarrollo económico de Chile. Experiencia cuya definición ha sido «crecer con inclusión social», y en un contexto de consolidación de la democracia. Hemos gozado de gobernabilidad, prosperidad económica y progreso social. El reciente concluido proceso electoral es una muestra de esto. Transición y alternancia ejemplar en los marcos institucionales previstos. Asimismo, la incorporación en el programa de gobierno del presidente electo de iniciativas sociales implementados por los gobiernos de la Concertación refleja los consensos alcanzado en el país.

Los logros de los cuatro gobiernos de la Concertación son la base del ingreso de Chile a la OCDE. El nuevo Chile salta a la vista: el crecimiento promedio de estos 20 años fue de 5,1%; en el año 1989, el ingreso per capita era de U$S 4.500; no teníamos ningún acuerdo comercial; exportábamos U$S 8.000, la pobreza era de 40%; el analfabetismo era de 5,6%; solo 60 mil médicos ejercían en el sector público; asistían solo 250 mil jóvenes a la Universidad y los chilenos/as realizaban 1,5 millones de viajes al año. En el año 2009, el ingreso per capita fue de U$S 14.300; tenemos vigentes 20 acuerdos comerciales con más de 50 países; exportamos casi U$S 55.000 millones; la pobreza es de 13,7%; el analfabetismo es del 4,2%; hay 87 mil médicos que ejercen en el sector público y 810 mil jóvenes que asisten a la Universidad, la mayoría de ellos, primera generación en su familia que accede a educación terciaria, y se realizan 10 millones de viajes.

La OCDE no es solamente un club de naciones ricas. De hecho, el ingreso de Chile es el de una economía en transición que ha avanzado notablemente y que aspira a su desarrollo, pero a la vez, una nación en la que persisten sin resolver importantes temas económicos y sociales. La presencia de Chile en la OCDE le aporta diversidad a este organismo. La experiencia chilena incrementa el acervo de la organización y ofrece a nuestra región un foro para expresar nuestra visión en el marco de la discusión de la agenda global con los países del norte desarrollado.

Ingresar a la OCDE supone participar en el foro en que se discuten, desarrollan, diseñan y evalúan las reglas de la economía mundial. Significa tener acceso a las mejores prácticas y definición de estándares en una variedad enorme de materias fundamentales para el desarrollo de nuestros pueblos. Además, impone un exigente escrutinio al régimen tributario, políticas medio ambientales, acceso a la información pública, políticas energéticas y cambio climático.

En suma, el ingreso de Chile a la OCDE es un paso adicional en el camino hacia su desarrollo, aunque aún enfrenta enormes desafíos. Esta adhesión no representa el ingreso al «club de países ricos».

Sobre todo, esta decisión representa mayores grados de auto exigencia en el cumplimiento, no solo de los estándares económicos tradicionales, sino también de obligaciones en normativas medio ambientales, laborales, de anticorrupción y modernización del Estado.

El ingreso a la OCDE debe ayudar, y así lo esperan los chilenos/as, a que nuestro país sea más rico, diverso y con mayor igualdad y justicia social. Debe ayudar a que se acerque, decididamente, al desarrollo en esta década que comienza con su bicentenario.

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